ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.
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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Elogio de Sergio

Este es un texto del Mundial de Escritura. 
La consigna era: escribir un obituario de un ser querido.

 
 

Toda vida llega a su fin, incluso la de los seres que amamos, esos seres valiosos que han estado a nuestro lado en los momentos felices como en los aciagos. Es una ley universal, como la gravedad, inexorable, bajo la cual nos movemos y existimos. Con dolor despedimos a Sergio, hijo singular, esposo fiel, padre abnegado, amigo incondicional, asiduo lector, contribuyente puntual, trabajador incansable. 

Hijo singular, único, de aquellos viejos inmigrantes europeos que vinieron a hacer la América y bien parece que todavía no pudieron empezar. O la América se nos presenta hecha y deshecha, como prefiera el consternado auditorio. Hijo singular, único, que ha regalado a sus padres los días de su existencia como efímera flor que un día se marchita y adeuda el perfume, así lo llorarán sus múltiples acreedores. Hijo tan especial cuya singularidad espoleó a sus progenitores a la negativa de continuar procreando incluso contra el mandato itálico que se preciaba de multiplicar descendientes. 

Esposo fiel. Fiel al escurrirse sereno e inadvertido de todo apremio entre los muros hogareños. Fiel a las pulsiones interiores, esas que pugnan por ver la luz, preferiblemente a oscuras, tal el candor de nuestro finado amigo. Esposo fiel a las delicias de la buena cocina, rara vez compartida con su malograda esposa, que decidió abandonarlo en sus años mejores en su desesperación por arañar la gloria. Pobre, entendía que la Gloria manaba mejores mieles para deleite de su lábil esposo. Loadas sean las fidelidades de nuestro querido Sergio. 

Padre abnegado. Ha negado la responsabilidad por la semilla derramada en el feraz surco promisorio de molicie y dulce galbana. Ha negado otorgar el derecho de la savia que retoñó en vivaces zarcillos que reclaman. Como padre, ha negado la palabra, la pequeña hidalguía de mirar al rostro y mojonar las sendas de los que vienen. Todo con el propósito de que sus hijos eligiesen libremente su ventura desasidos de los escollos de la enseñanza patriarcal. Hijos, que —ingratos ellos— fueron optando por caminos desamorados en su propia elección vital y a quienes hoy se les niega toda posibilidad de percibir los bienes que generosamente ha amarrocado el querido Sergio en una previsión elogiosa para los propios. 

Amigo incondicional, sin condiciones para repletar sus redes sociales de gente que desconoce y que, según su deseo, hasta último momento y más allá lo mencionan en sus muros, lo felicitan por sus logros y los alientan en sus derrotas, que han sido siempre dignas de elogiar por su heroicidad y derroche de valentía. No vengan —era su proclama— a ponerme condiciones quienes no me acepten como soy. Y menos quienes me presten dinero. Esos no son amigos, son usureros a los que la máscara pronto se les desliza. 

Asiduo lector. Leía así, a dúo con los amigos las revistas que estos compraban, tal su inteligencia para eludir las artimañas más acendradas de los mercaderes capitalistas. Nos ha dejado grandes enseñanzas como la de solicitar el semanario local al día siguiente de la edición algunos remanentes para trabajar las noticias en la escuela con sus alumnos, noticias que eran su lectura de fin de semana y combustible erudito en los asados a los que invitaba a sus amigos que trajesen una porción generosa en la que ocultar veloz y prudentemente unas costeletas amarillentas. 

Contribuyente puntual a la solicitud de prórrogas y moratorias, de descuentos y rebajas. Cuantos lo amamos conocimos su exhortación a las maniobras más inverosímiles para evitar el control del estado sobre sus bienes, que le pertenecen y sobre sus deudas, que gentilmente ha sido capaz de transferir a propios y extraños. Artista en la técnica del regateo, ha logrado fletes por monedas y viajes en remises a cambio de facturas oreadas garroneadas en la panadería, atento a las bolsitas remanentes del día anterior. 

Trabajador incansable. Hoy, en el día de su deceso, alzamos en un pedestal su lucha contra la explotación obrera, la aberrante alienación de los asalariados. Lucha sin fisuras ni arañazos, por cuanto sus ideales lo impulsaron a gestar la transformación social desde la profunda y comprometida reflexión ajena a callos que pueblan las manos de los oprimidos. 

Horas y días nos llevaría elogiar a nuestro amado Sergio, así como él se lleva al sepulcro sus más ínclitas virtudes: hijo singular, esposo fiel, padre abnegado, amigo incondicional, asiduo lector, contribuyente puntual, trabajador incansable. Hasta siempre, vuela alto. 

Bien, tengo las palabras que pronunciaré en la despedida de Sergio. Espero que venga alguien, detesto que me hagan escribir en balde.

sábado, 18 de octubre de 2014

En qué andar

Sé que hay alguna gente que pasa por este blog medio arrumbado y mira. Sobre todo gente que me conoce. A qué pasan, no sé. Tengo por cierto que alguna clase de cariño o aprecio les puede generar este rincón. También estàn los vínculos blogueros, esos que tan descuidados tengo. Valga un ramillete de imágenes como excusa, explicación, quitaculpas, señal de vida, promesa de regreso indefinido. Cosas que uno hace además de las esenciales como admirar cómo crecen las hijas y van trazando su propio camino. Y además de trabajar diariamente, claro, aunque más no sea para el plato de comida, algunas pilchas y obstinarse en que todo está por hacerse...

Cantando en Villa Viñetas II con mi amigo Fernando Elía

Un poco de folclore bien tosco en esa maravilla creada por Neto Parrilla y Leo Cabrera

Travesía y subida al Champaquí con adolescentes aventurados

Lamentables exposiciones
Grupo completo en la cima

XIV Feria del Libro y Encuentro Cultural
Feria en Empalme
Hay veces en que no me queda más que otra que lamentarme en no poder contar con el espacio sereno para que se me ocurra algo digno (o más o menos digno) para escribir. Escribir me ha resultado -y me resulta- sanador, catártico, un lugar donde volcar las pavadas que se me ocurren y que no caben así como se me ocurren en los otros espacios en que me muevo. Y también para ejercer esa cosa misteriosa que todos llevamos, tan difícil de definir que es la creatividad. Por algún lado siempre nos anda y nos sale. Y este blog, bueno, malo o regular, es un espacio que no pienso resignar.
Ya vuelvo, poné el agua...

miércoles, 18 de junio de 2014

Por partes

    aporte para el décimo cumpleaños del blog Netomancia de mi amigo Ernesto Parrilla 

  • neto: limpio, claro, puro, bien definido
  • mancia: adivinación o práctica de predecir, técnica adivinatoria
Por partes.

Iba a escribir "vayamos por partes, como partes de cuerpo humano bien guardadas en mochilas de inocentes niños que salen de la escuela". Pero no cederé tan fácilmente a la tentación. Me pongo en firme y no le choreo las ideas al Neto, tal vez en el mismo sentido que uno no es supersticioso hasta que encuentra una hipotenúsica escalera de madera en la vereda y la esquiva, no por el temor a los posibles castigos de la vida, sino por seguridad, por no molestar al pintor que quizás suba, por infinitos motivos entre los que uno no cuenta la mala suerte. O no quiere contarla, vamos. Como se quiera, quien apele a la etimología para definir el blog del Neto cometerá dos errores. El primero, creer que una etimología define algo. El segundo, más venido al caso, que será imposible ejercer la netomancia, esa técnica de adivinación a través de lo limpio o puro. A menos que uno se llame Ernesto Antonio Parrilla, claro (paradójicamente) está.

Si uno se llama Ernesto Antonio Parrilla puede pasar que sea único o no. Entonces se va a una página de esas que hacen de padrón y pone ese nombre compuesto y ese apellido. Es único. Podría opinarse que es retorcido hacer esto. Como si no fueran retorcidos los relatos del Neto...

El 8 de febrero de 2008 -a raíz de un comentario que dejó en el blog colaborativo El hueco del Vermis, que creamos casi sin saber qué era un blog con unos amigos y abandonamos hace un buen rato- descubrí la netomancia. Ese día vi la luz o, mejor dicho, la sombra. Exagero, porque el relato Con el alma refería a algo mucho menos atroz de lo que se presentía al empezar a leerlo. Así es Netomancia, el blog, una vez que uno se interna en él deja de oler sangre. Huele otras cosas que no mencionaré aquí.


Habían pasado más de doce años del día en que en un aula hecatómbica un flaco desgarbado que se sentaba atrás y del lado de la ventana prestaba atención a la clase tal vez porque le interesaba, tal vez por piedad ante el insolvente profe, o -y después de tanto uno sospecha esto último- pergeñando las mil y una formas de deshacerse del profe, de los compañeros, de los directivos; eso sí, con elegancia, una atroz elegancia.

Hace un tiempo, con Neto, Felipe y Dieguito, nos embarcamos en una aventura conjunta: escribir un puñado de relatos de ciencia ficción desde una mirada argentina. Cada uno escribía sus cuentos y los ponía en común. Los demás revisaban, criticaban, despanzurraban (para estar a tono con el blog cumpleañero), lo cual resultó ser -para mí- una experiencia realmente fantástica. Escribir para que gente con talento te critique y te corrija porque lo común es lo que nos hace mejor a todos es una experiencia sublime. Algún día esos relatos saldrán del arcón y yo me defenderé diciendo "ah, no sé, a mi me lo corrigió el Neto".

Textito de hace un tiempo
Muchas calles son cortadas por la vía que atraviesa el norte de la ciudad. Un lugar particularmente especial se halla en una calle que muere en una pretendida rotondita bordeada por yuyales que supuestamente ocultan las vías. En la zona, el oyente sagaz verifica maravillosas voces que provienen tal vez del más allá. Muchas son dolientes, otras reflexivas, algunas infantiles y otras dulces como ambrosía, todas ellas parecen delineadas por un artífice sublime. Los vecinos aseguran que esas voces provienen de una casa de mano impar. Osval, que suele andar de garroneo por esos parajes, asegura haberlas escuchado nítidamente cuando el Neto se pone a escribir.

Cierro este rejunte apresurado de frases con párrafos sueltos de una carta de recomendación -no ficticia- que una vez tuve que escribir para el Neto.

Villa Constitución, xx de xxxxxx de 20xx.-

Sres.
Fondo Nacional de las Artes

Estimados:
Se me ha solicitado una carta de recomendación para Ernesto Parrilla. Creo que no es difícil hacerlo, básteme consignar que se trata del escritor más importante que tiene y ha tenido Villa Constitución y todo el sudeste santafesino.
Indudablemente podría esto tratarse de una definición atravesada por la amistad que nos une, o porque ha tenido la fortuna o la desgracia de ser mi alumno a mediados de la década del 90, o por decenas de razones centradas en la cercanía. Y sería un argumento válido si no se tratara de un escritor multipremiado en todo lugar en que se lo ha propuesto. En este país, en otros vecinos y en diversos certámenes de literatura española. Algunos de ellos, para no ser recurrentes en la premiación, lo invitan como jurado evitando de ese modo preanunciar al ganador. Detallar sus logros me resulta, además de agobiante por lo extenso, impropio para quien no tiene más que valerse de un puñado de palabras para lograr la maravilla de un relato sorprendente.
Ernesto se ha destacado en el relato extenso, en el relato breve y en el microrrelato. Brilla como guionista de historietas a dúo con el destacado dibujante e historiador de la historieta Felipe Ávila y es solicitado para el trabajo colaborativo por dibujantes de primera línea de la historieta argentina.
Como muchos otros, comenzó a publicar en un blog personal sus relatos Netomancia –allí se pueden observar algunos de sus innumerables logros como escritor-, propuso un portal colaborativo de escritores villenses -Villeraturas- y deleita a todos en colaboración con Felipe Ávila en Olvidados en el Espacio. Pronto, su talento comenzó a hacerse notar, incursionó felizmente en la novela y resulta un maestro del cuento, elogiado y, como dijimos, multipremiado.
Es por estas razones que me atrevo a recomendar a Ernesto Parrilla [...] Permítaseme consignar aquí que no solamente es recomendable la pluma de Ernesto Parrilla para desarrollar el guión de [...] sino que esta obra no puede darse el lujo de privarse de semejante artista...

Yo creo que nadie de por aquí que esté en su sano juicio puede darse el lujo de privarse de semejante artista. Y no me vengan con disquisiciones del estilo: ¿Será que el Neto no está en su sano juicio cuando escribe en Netomancia? ¿Será que nadie es profeta en su tierra? Habrá que preguntarle a Don Nadie, diría sin hesitar nuestro artista demostrando en una frase que lo suyo es la literatura escrita. Con sangre.
De otros y propia.

jueves, 7 de febrero de 2013

Las novelas de Eco III

Podría graficar mi gusto personal en un podio de tres escalones. Curiosamente las dos primeras obras (El nombre... y El péndulo...) ocupan el lugar de privilegio, en el segundo grupo están La isla... y Baudolino y en el tercero La misteriosa... y El cementerio... Casi podría decirse que en el orden en que fueron escritas. Me resulta difícil explicar la preferencia, sobre todo cuando se trata de la obra de un escritor admirable desde todo punto de vista.
Me da la sensación que en las primeras novelas Eco tenía una historia que contar, que luego aderezaba con los innumerables condimentos de época, -cultura, relaciones sociales y de poder, etc.- y que en la medida en que nos acercamos a las últimas novelas el acento cambia de sílaba, es decir que partiendo de una época que contar fue urdiendo una historia que le hiciera honor. Pero esto es una sospecha personal, nada más.
Vamos a las novelas...

Baudolino (Baudolino) es la divertida historia de un personaje de Edad Media que con una particular forma de fabular se hace un lugar en la corte de Federico I Barbarroja y lo induce a la Tercera Cruzada. Baudolino cuenta su historia a Nicetas Coniates -un historiador bizantino que supo documentar su época con lujo de detalles-, texto que forma parte del grueso del libro. En la historia se mezclan acontecimientos históricos con otros surgidos de la fantasía del fabulador. Como aderezo, Baudolino va recopilando textos, leyendas y mitos de los lugares que recorre junto con las particularidades idiomáticas. Hay pasajes donde el cocoliche se torna desopilante en esta novela que recorre desde los mediados del siglo XII hasta comienzos del siglo XIII y en la que aparecen el Santo Grial, el reino del Preste Juan y muchos otros mitos gnósticos. Con su manera tan elaborada de fabular, Baudolino va tejiendo sus historias con la historia e influyendo en las grandes decisiones políticas de la época.


La misteriosa llama de la reina Loana (La misteriosa fiamma della regina Loana) transcurre en 1991. Giambattista Yambo Bodoni es un vendedor de libros antiguos de sesenta años que sale de un coma con pérdida de su memoria episódica. Recuerda letras de canciones, información histórica y maneja sus habilidades motrices aprendidas, pero no recuerda quién es ni quiénes son las personas que lo rodean así como toda su memoria emocional. Reunido con sus familiares -a quienes desconoce y deben presentárselos- se propone reconstruir lo que sabía de su vida. Para ello se refugia en una vieja casa del pueblo de Solara en la que vivió su infancia y también vivieron su padre y su abuelo. Allí comienza a reconstruir su memoria al repasar los libros de texto con acento fascista, las canciones infantiles, los discos y, particularmente, las historietas que llegaban de Estados Unidos en la preguerra y las que comenzaban a circular en Italia. Luego de encontrar un First Folio -colección original de las obras de Shakespeare- sufre otra conmoción por lo que termina la tarea repasando su vida sin poder comunicarse con el mundo. Eco echa mano a los recuerdos de su infancia y al material que coleccionó a lo largo de su vida (hay muchas reproducciones ilustrando el texto) para dar forma a una particular obra en la que repasa la cultura no erudita de su tiempo.

El cementerio de Praga (Il cimitero di Praga) es una obra monumental. Quizás la que ameritó mayor y más concienzuda investigación histórica por parte del autor, debido a las interminables y profundas repercusiones y conexiones con la historia contemporánea. La narración tiene la forma -en su mayor extensión- de un diario compartido por las dos personalidades del protagonista. El capitán Simone Simonini se ha especializado en el noble oficio de crear documentos falsos. Escribe su diario en 1897 recorriendo su experiencia en el proceso de unificación italiana y luego su radicación en París donde hace de doble espía y vende sus oficios al mejor postor. Su alter ego es el abate Dalla Piccola, nombre tomado de una de sus víctimas, quien complementa la escritura del diario y bajo cuya personalidad comete varios crímenes. Aparecen (como suele gustar a Eco, pero multiplicados en este caso) muchos personajes reales interactuando con los ficticios: Alejandro Dumas, Giuseppe Garibaldi, Maurice Joly, Sigmund Freud, Benjamín Disraeli, entre otros. Simonini elabora una reescritura del ya dudoso Protocolo de los sabios de Sión moviéndose entre acusaciones cruzadas -que él ayuda a producir- entre masones, judíos, jesuitas y políticos de toda Europa.

Espero que las reseñas precedentes muevan a algún ocasional visitante de este espacio a acercarse a la lectura de las novelas de Umberto Eco, o por lo menos a versear como si hubiera leído estos mamotretos de cientos de páginas.

domingo, 3 de febrero de 2013

Las novelas de Eco II

Un escritor que dedique unos cinco años para redondear una novela debe ser tomado en serio solamente si la obra posterior hace los méritos suficientes.
En todas las novelas de Eco hay una fuerte referencia a la región en la que nació y vivió toda su vida, el Piamonte. Pero también en todas referencias o descripciones de lugares de otros países. En cualquier caso se ha tomado el trabajo de contar y describir -por ejemplo- cuadra por cuadra el París por donde vaga Casaubon en El péndulo de Foucault, de recorrer bares, coleccionar nombres y apellidos regionales y, sobre todo, hacer interactuar a sus personajes ficticios con otros históricos tomando en cuenta cada detalle para que el encuentro pudiera resultar posible. Muchas veces, confiesa, tuvo que estirar la historia para esto ocurra (Casaubon en Brasil, idas y vueltas de Baudolino en el Monferrato...). En especial, en El nombre de la rosa logró hacer coincidir en varios días a Ubertino da Casale, Bernardo Gui, Michele da Cesena, Hugo da Newcastle y Bertrando dal Pogetto entre otros personajes históricos.
Pero todo no termina allí, Eco se documenta de todo -sin exagerar- documento o material serio producido acerca del tema y de lo no tan serio, como para tener a mano lo que se ha inventado. El resultado siempre es una obra que no tiene fisuras desde lo histórico así como de lo filosófico o artístico.
Siguiendo con breves reseñas de sus novelas...

El péndulo de Foucault (Il pendolo di Foucault) transcurre en el presente (1988), pero recorre siglos de historia. Contado en primera persona por Casaubon (graduado con una tesis sobre los templarios), quien coincide en una editorial con Jacopo Belbo y Diotallevi con los que desarrolla una amistad. Un extraño personaje les acerca un texto antiquísimo, incompleto, con la idea proponerle a la editorial la edición una obra que revele una conspiración de los templarios anterior al fatídico viernes 13 de octubre del 1307 cuando fueron arrestados y muchos de ellos luego ejecutados.
Un poco en broma y un poco en serio se preguntan qué pasaría si fuera cierto y comienzan a ver cómo distintos acontecimientos históricos se ajustan a esta posibilidad, ya que la conspiración tiene fechas precisas de realización a lo largo de la historia. Tal es la intensidad en que se comprometen con el juego que mientras toman contacto con distintos personajes de ritos ocultistas, esotéricos, masones, rosacrucianos y muchos más; todos se van entusiasmando y generando un movimiento que hace que finalmente la conspiración tome cuerpo.
Hay múltiples personajes destacables. A mí me encanta Lia, quien con sencillez y haciendo gala del más llano sentido común despierta a Casaubon de los propios ensueños místicos-conspirativos que creó con sus amigos.
La novela se puede considerar un estudio de grupos ocultistas, sofistas, iniciáticos, esotéricos y religiosos a los que Eco desmiente con claridad deslumbrante.

La isla del día de antes (L'isola del giorno prima) presenta a Roberto de la Grive, un joven piamontés, quien con su balsa de náufrago encuentra una nave desierta en el Pacífico Sur, el Daphne, en el verano de 1643. Pronto verifica que el barco le depara incontables sorpresas. Poblado por extraños artilugios, plantas y animales, resulta el lugar ideal para que Roberto escriba cartas a la mujer de sus sueños, Lilia. A cierta distancia hay una isla y Roberto llega a la conclusión, basándose en los conocimientos disponibles en su tiempo, de que la misma está al otro lado de la línea de cambio de día, exactamente en el lado opuesto al meridiano cero de la Tierra.
Pero Roberto llega a ese lugar luego de andar merodeando las cortes francesas entre otros espacios sociales relevantes del siglo en que Galileo, Descartes y compañía dieron forma a la revolución científica de la Modernidad. Richelieu, Mazarino y las intrigas del poder europeo se mezclan y superponen con las nuevas teorías científicas y la búsqueda de la medición de longitudes en el mar.
Un personaje fascinante, el padre Caspar, hace su aparición en forma sorpresiva y se convierte en el interlocutor de un Roberto que encarna los sueños, dudas, amores y temores de la Modernidad.
El lenguaje es deliberadamente barroco, ya que Eco en todas sus obras utiliza un formato de escritura cercano a las modalidades idiomáticas y culturales de la época.

Quedan tres novelas, que intentaré reseñar en la próxima entrada del blog abusando de la piedad de los lectores. 

jueves, 31 de enero de 2013

Las novelas de Eco I


Umberto Eco cumplió 81 años el 5 de enero. Es un escritor italiano experto en semiótica, doctor en filosofía y letras, que se destaca en innumerables ámbitos académicos, especialmente en semiótica, lingüística, ética y estética. Incursionó en la novela llegando a los 50 años, por lo que se autocalifica como un joven novelista. Escribió seis novelas: El nombre de la rosa (1980), El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la reina Loana (2005) y El cementerio de Praga (2010).
Tuve la inmensa fortuna de leerlas a todas. Es que El nombre de la rosa me provocó una conmoción tan grande que me llevó a releerla seis o siete veces -incluso haciendo y en algunos casos borrando luego, anotaciones en los márgenes- y además me abrió un soberano apetito por abordar las siguientes.

El nombre de la rosa (Il nome della rosa), ambientada en 1327, narra las aventuras de Guillermo de Baskerville y Adso de Melk en una abadía del noroeste italiano famosa por su biblioteca. En ese lugar se preparaba un encuentro entre emisarios papales (la sede del papado estaba entonces en Avignon, Francia, no muy lejos) y una delegación franciscana apoyada por el emperador Ludovico IV de Baviera (cuyos dominios incluían las actuales Alemania, Holanda, Luxemburgo, Bélgica, Suiza, Austria y norte de Italia). El tema del encuentro era la pobreza de Cristo -si Cristo fue pobre (como proponían los franciscanos), por qué la iglesia cuenta con tantas riquezas- y se trataba de un debate que podía decidir la excomunión de la orden franciscana y por extensión resentir aun más la frágil relación entre el papa Juan XXII y Ludovico.
En este contexto, Guillermo y Adso, que habían llegado con antelación a la abadía, se ven obligados por el abad -que quería salvaguardar la gran fama del lugar ante el emisario papal- a intervenir debido a una serie de inexplicables muertes de monjes. En medio de su investigación descubren relaciones entre las muertes que conducen a un misterioso libro objeto de deseo de los monjes.
Asesinatos, pesquisas (inevitable referencia a Sherlock Holmes), pintura de época, diálogos fascinantes, una bella muchacha, monjes provenientes de distintos lugares de Europa, personajes históricos mezclados con ficticios, discusión filosófica entre nominalistas y tomistas, la risa como cuestión religiosa, la mujer como objeto, la riqueza de la iglesia y muchos condimentos más hacen de El nombre de la rosa un delicioso relato.
Excelente portada a lápiz del ilustrador Manuel Sanjulián
La novela ha sido un éxito de ventas, comentada y criticada en todo el mundo, y ganó innumerables reconocimientos. Hay quienes acusan a Eco de desmontar con una habilidad de cirujano la gran red de verdades y enseñanzas que la iglesia católica sostiene y la sostienen a ella. Otros, que está escrita para un lector erudito con vastos conocimientos. Para mí se trata de un libro sencillamente genial, una obra de arte difícilmente igualable que se puede saborear en diferentes niveles y en la que uno puede ir descubriendo matices y guiños a medida que se familiariza. Además ofrece la oportunidad única de aprender un montón de cosas entreteniéndose con un texto y una historia que no traicionan al lector.
Sean Connery y Christian Slater
En 1986 se llevó al cine. Salvando la gran actuación de Sean Connery (Guillermo) y Christian Slater (Adso) entre otros grandes actores, creo que la película no hace un justo homenaje al libro, especialmente en resolver la trama con un final hollywoodense fuera de lugar.


Prueba de la admiración que profeso, me atreví -y solicito piedad por ello- a escribir mi propia versión del final de algunos de los personajes en una vetusta entrada de este blog (2008). 
También se relacionan con la época, si aún soportan el asedio, Gente ignota: Buridán I, II y III, (2010) en una pequeña operoncha en tres arias, donde oso presentarlo como un representante del nominalismo.

[Pacientes -así como escasos- lectores, sepan comprender la aparición de estas reseñas. Me sirven para mantener vivo el blog, hace un buen tiempo que estoy de musas fugadas. Se ve que las guachas se fueron de vacaciones sin fecha de retorno. El otro objetivo es compartir un poco el enorme placer que me produce leer a Eco y a lo mejor alguno que no lo conozca se entusiasma. Para no hacer una entrada tan larga, me reservo Las novelas de Eco II y III. De paso tal vez se apiaden las susodichas.]