ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.
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jueves, 17 de septiembre de 2009

Llueven versos sublimes

Con los amigos que tenés, nunca vas a llegar a ningún lado, me dijo alguna vez alguien que quiso enseñarme cómo ser exitoso en la vida. No sé por qué recuerdo esto ahora que una persona tan entrañable como mi amiga Sil quiso regalarme -entre otras cosas- una recreación poética de un viejo escrito mío -Elogio de la lluvia-. Debe ser que a lo mejor tomé ese consejo inicial y haciendo caso leo poesía de la buena y acepto regalos como éste. En tiempos de sequía y en tiempos difíciles como los que vivimos, pocas cosas valen más que un poema, encima de una escritora brillante como Sil. ¡Gracias eternas, Sil!

I
Me gusta la lluvia y su retintinante son.
Suave por momentos y por otros, violento.
Acallando las voces que martillan cerebros.
Colándose en las grietas de mi caparazón.
II
Construído para guardarme como el caracol.
Y rendido y más blando si es que el agua lo roza.
Apacible caricia, insolente ... y sinuosa
por lugares, cobijos, y mojando el corazón .

III
Es hermoso bajo la lluvia caminar…
Mojarse lentamente con las primeras gotas,
que parecen lágrimas de cristal de roca,
tan claras como las letras que intento plasmar.

IV
Las primeras de ellas, salpicando destellos
en tu pelo suave, calmándole la sed,
adornando tu risa, espejando el cairel
de tus ojos sin prisa,  anegados y bellos .

V
Pero son arrastradas por las más presurosas,
y al caer, se derraman transformadas en paños
confusos, dibujados con pinceles extraños,
penetrando en tu abrigo, para nada respetuosas.

VI
Y te besan la  piel, y en tu cuerpo se entibian.
Y yo las imagino, con envidia callada .
Y las otras no se animan y se quedan en las ramas
de los árboles mudos, sin darte esa caricia.

VII
Y el niño que me habita me tienta sin reparos
a golpear en los troncos, en un travieso intento,
regresando a mi mente aquellos viejos tiempos,
tan sólo para mojar un poco más a mi hermano.

VIII
Las más llegan al suelo, y siguen su camino ,
veloces, ya se van, se deshacen, penetran ,
en un vaivén fugaz, se reúnen, se aquietan,
y van a lo más hondo, a cumplir su destino.

IX
Delirios o tristeza, la lluvia es siempre hermosa,
lo sería sin duda, aunque nadie la mirara ,
aunque nadie lo dijera, aunque nadie lo pensara,
cavilaciones como éstas, o quizás peores cosas.

X
La lluvia nos desnuda, nos muestra indefensos.
Y le teme el encumbrado, el que toma precauciones ,
el que sufre en el barro su miseria sin dones ,
pues refleja y amenaza su enlodado pensamiento.

XI
Vos sos yo y yo soy vos. Y en tal amalgama pura,
el mundo artificial ya teme demudarse.
Por eso amo tu rostro humedecido al mojarse
por el agua virginal que lo besa con ternura.


XII
Pero luego de ese instante, mueren con la caída.
Porque saben esas gotas que la máxima suerte
de tocarte merece la pena de muerte.
Una muerte fugaz, que no es muerte… que es vida…

XIII
Entonces, decididas, te recorren y besan.
Incluso las que quedan presas en mis manos,
reclamando en tu mejilla ese roce soberano,
caudalosas, sutiles, ladronas, y traviesas.

XIV
Y el brillo de tus ojos que robaron sin permiso
lo ofrendan a la lluvia majestuosa de la tarde.
Y aquellas que quedaron en tus labios me arden
y sospecho que me llaman, y me ciega el hechizo.

XV
Y dudo entre besarte o mirarte, o ambas cosas…
cuando tus ojos hablan más que los silencios,
mientras el agua recorre sin temor los pensamientos
y nadie extraña que el sol no aparezca entre las rosas.


XVI
Presintiendo que no debe manchar con rayos rojos
lo que con magia sucede bajo ese manto de nubes, 
y decide, muy prudente, ver tras las rejas azules
la escena,  picaresco,  pero sin mostrar sonrojo.

XVII
De pronto la noche llega, sin estruendo y sin aviso.
Fue intuyendo todo el día que presentarse debía …
Para rodear tu cintura, muy firmemente embebida,
y que te sientas segura, porque mi abrazo lo quiso .

 XVIII
Y ya caigo fascinado, cuando espero estremecerte,
sorprendida, sin reparos, con mi amparo, por la luz
que en un flash de contramano, te ciega fuerte y azul, 
atónita entre destellos y truenos que quieren verte.

XIX
Y cuando no estás... Muchos grises se esconden en las miradas…
y esperan, no desesperan, porque aguardan tu regreso,
de abriles y de setiembres, de lluvias, de llantos presos,
que largas y horizontales, silenciosas te reclaman.

XX
Porque preludian tus pasos. Porque te anuncian calladas.
Entonces sólo sonrío viendo a través de tus ojos
el paisaje de tu rostro mojado por mis antojos
y por perlas salpicado como una pintura vaga.

XXI
Un cuadro de surrealismo, unos corren, se detienen,
se refugian como niños felices que chapotean
en los charcos,  o respiran ese aire fresco que llena
el alma y se sienten vivos, y sin tristeza, ya llueve…!!!

XXII
Aquí estoy, y allí estás. Entonces voy con porfía
y permito que me cubran sin recato ni cadenas,
las lágrimas que se mecen para aliviar esta pena
que son de la misma lluvia, besando  tu piel, que es mía.

[No me atreví a ponerle título, Sil... Sabés cuánto te lo agradezco, tanto, tanto como que pongas precio y paga a la apuesta...]

martes, 14 de julio de 2009

Nostalgias de lluvia

...porque no sucede lo que debería,
porque siento no ser yo quien escribe...
La tierra quebrada reseca se muere.
Las campiñas claman por la sed añeja.
El ganado flaco vencido se queja.
Y el paisaje chato es un cuadro inerte.

¿Es que ya las nubes no lloran de pena?
¿Cegadas de azules secaron vertientes?
¿Ya no se emocionan bañando el silente
beso que enamora regando la arena?

¿Es que ya no hay gotas de perlas mojadas
que se vuelvan locas rozando las manos...
que se toman fuerte buscando reparo
húmedo y caliente en calles olvidadas?

¿Es que ya no hay agua relamiendo espaldas
para que los dedos resbalen seguros...
y dibujen olas que marquen apuros
bajo ese diluvio que inunde dos almas?

¿Dios ya no se quiebra con lo que sucede?
¿Sus ángeles ríen con crueldad sin llanto?
La lluvia se niega y nos roba su manto
de dulces diademas jugosas y breves...

El cielo es un podio que el sol ha ganado.
La luna en la noche su trono no cede.
Y solo hay derroche de estrellas de nieve
que a este invierno lluvias y fe, le han robado.


[Publicado también en Villeraturas, 14/07/09]
Más sobre la temática de la lluvia:

Elogio de la lluvia

Llueve