Este es mi texto del primer día del Mundial de Escritura.
La consigna era: escribir un mail que nunca se enviará.
de: eloso@yimail.com
para: caroline_lucretia_herschel@uranet.com
Estimada Caroline:
Me comunico con usted a los efectos de hacerle conocer los esfuerzos que estoy realizando para llevar a la pantalla grande su vida, si es posible condensar en el formato del cine o de las series los avatares que ha vivido. No escapa al conocimiento público que este año la Unesco ha propuesto destacar su figura y la de su hermano con diversas actividades educativas.
A mí, que soy un poco inquieto, se me ha ocurrido la realización de una película o una serie basadas en su vida.
Claro, las dificultades no son pocas. Usted recordará películas como Ágora –con Rachel Weisz en el rol de Hipatia– o la actual Madame Curie –con Rosamund Pike en la piel de Maria Sklodowska– donde bellísimas mujeres lucen en sus protagónicos. Es cierto que destacan el papel de la mujer en la ciencia, qué más. Y aunque no podríamos conocer la fisonomía de Hipatia, dudamos de su parecido con la Weisz tanto como distanciamos a la Pike de las fotos que nos recuerdan a Maria.
En su caso las cosas son diferentes y aquí me permito una brutal honestidad. Sabemos que usted es una mujer fea. Y cuando escribo “fea” refiero a ciertos cánones de belleza entronizados en el siglo XX, como lo son: mediana a alta estatura, marcada cintura, cierta voluptuosidad de formas, elegancia y elementos de seducción como lo son gestos, mohines... Cánones de belleza al parecer no demasiado distantes a los que en su vida le han negado establecerse, aun cuando ha prodigado algunos hijos. La marcas de viruela en su rostro de niña y el tifus que no le permitió crecer más que un lomo de burro –al decir de su madre– no sugieren en usted la imagen deseada por una cinematográfica. Ya que mencionamos a su madre, mutter Anne Ilse, ha sido una mujer severa que la destinó a fregar en su hogar y luego en el de su hermano Fritz, devenido en William al mudarse de Hannover a Inglaterra.
Mi desconocimiento de la industria del cine es supino, así que rebuscando en mi memoria recordé cuántas cintas había visto con el logo de Argentina Sono Film y dirigí mi búsqueda a esta prestigiosa e histórica firma. La encontré –o creí haberla encontrado– y ahí nomás desistí de mi propuesta. Ya no es lo que fue, si usted me comprende.
Me dirigí luego a productoras de contenido cultural ofreciéndoles la idea sin ningún interés pecuniario de mi parte. Cada vez que pronunciaba (en mi sospechoso alemán) “Herschel” me respondían ¡salud! y daban un paso atrás. Debe ser que con barbijo se confunde fácilmente una expresión foránea con un estornudo. En una reconocida productora me espantaron como a perro sarnoso porque usted no es nacional y por más que les propuse que tomara mate, dada su coincidencia temporal con la época colonial y hasta la Vuelta de Obligado por lo menos, no hubo caso. El responsable de una de estas productoras me propuso intentar algo con una modelito en ascenso, una especie de musical. Me apresuré en consignar que su hermano William fue un destacado compositor y usted muchas veces hizo gala de una admirable voz de soprano. Saqué el celular y le hice escuchar el comienzo de su Sinfonía para cuerdas Nº8 en do menor: bostezó en los primeros compases del allegro assai y sugirió que sería mejor algo al estilo Ilarié. No tuve más que marcharme mascullando procacidades.
Los que me conocen saben de mi obcecación cuando una ocurrencia fulgente como una estrella ilumina mis andares. Tanto es así que no arrugué y decidí apuntar más alto. Apelé a la teoría de los seis grados de separación aspirando encontrarme con directivos de Netflix Argentina. Mi enjundia dio resultado, llegué a contactar a un encumbrado gerente.
Le conté mi idea, adornada por la celebración de este año con todo el entusiasmo que me fue posible. Cuando me preguntó quién demonios es esa Caroline Herschel, le conté del descubrimiento de Urano y de los cometas, de cómo la Royal Society no tuvo más que reconocer su mérito, del movimiento del Sol, de su buceo por el espacio profundo… Me sugirieron que me conecte con la gente del History Channel, pero me resisto tenazmente a mezclar su apasionante vida con la pretensión de que para construir Machu Picchu fueron necesarios un par de arquitectos venidos precisamente del algún satélite de Urano. Su memoria no me lo permitiría.
Para no extender este mail, le diré que esta misma mañana mirando el cielo mientras la Luna menguaba en cercanías de Saturno pensé en usted y su hermano rebuscando más allá del ornado astro hasta dar con un nuevo planeta y luego más allá de este descubriendo y catalogando centenares de nebulosas y cúmulos, diseñando y construyendo telescopios, alternando de igual a igual con Laplace, Cugnot y Gauss. En definitiva, empedrando el camino del cielo para que quienes vinieran después asciendan sobre seguro en el conocimiento de quiénes somos y dónde estamos. Y recordé, casi sin querer, su epitafio: Los ojos de ella, en la gloria, están vueltos hacia los cielos estrellados.
No llegará usted a ser una estrella del cine. Pero ninguna de ellas brillará como su aporte al conocimiento.
Mis saludos y mis respetos.