ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.

jueves, 2 de julio de 2026

Pisar el alquitrán


Ya no me molesta pisar el alquitrán. Ni respirar la caliginosa niebla dulzona de los tugurios que alguna vez fueron asombro y excitación. No me siento tentado a acariciar la gastada culata de mi revólver ni me sobresaltan los frágiles quejidos de pisadas que se fingen desacompasadas.
Mirella sabe que colgar el grueso sobretodo y cambiarlo por una campera inflada dice mucho más de mí que cualquier descripción farragosa de un autor aburrido ante el teclado. Intuye que el paisaje que veré ya no será el atravesado por pupilas dilatadas en esfuerzo por atisbar lo distinto entre lo igual, lo ocre entre lo pardo y lo rojo de esa mancha que se expande bajo un cuerpo aún tibio.
Cómo sonará el leve desinflar de un pliegue de mi campera cuando una bala lo atraviese, me pregunto. Cuál será la ultima palabra que diré. En el último aliento, ¿pensaré en mi seguro de vida a nombre de Mirella?, ¿en las luminosas tardes abandonadas por el camino de las sustancias que convenían repartirse a la noche ?, ¿en las miradas fijas que quedaron en quienes se atrevieron a desafiarme? 

Ya no me molesta pisar el alquitrán ajustando el ala de la gorra con gesto ampuloso, con la mirada que se fuerza torva para espantar palomas. 
Detective o criminal, qué más da. Ya no me interesa elegir un lado, hasta sospecho que todos sufren y pierden más o menos por igual. La damisela sugerente que sonríe a pesar de las cachetadas, el rufián que juega a la ruleta rusa de la confianza con un nuevo jefe, el policía que gana menos que poco y busca alguna cometa miserable mientras viene de azotar a una jubilada que reclama no se sabe bien por cuál de los maltratos de los de turno, el pibe soldadito que te mata de un tiro para sacarte un poquito, el que pierde aun ese poquito que le sacó el otro. Todos sufren y pierden.

Ya no me molesta pisar el alquitrán si no trae sorpresas. Salvo mi cambio de abrigo, la noche en este infame barrio es la de siempre. Si acaso atravesara las callejas sin que la perrada crea que le disputo su lastimosa pitanza y no aparece nadie que se erija como acreedor de dinero, tiempo o vida, los brazos de Mirella serán cobijo seguro para una bestia nocturna como yo.

Dejo de pisar el alquitrán, abro la reja y golpeo dos veces. La puerta se torna y me ilumina la cálida luz de unas velas. Estoy seguro de que Mirella alcanzó a oír el leve desinflar de mi campera.

 
 
 
 
Escribo este apurado relato corto para participar de la convocatoria juevera INTRIGA EN LA GRAN CIUDAD en https://neogeminis.blogspot.com/2026/07/intriga-en-la-gran-ciudad-lista-de.html, por puesta por Mónica 

26 comentarios:

  1. Gracias por tu participación, ese alquitrán que lleva las huellas de una vida donde esconde las vivencias de la noche y tal vez no muy buena vida, donde el refugio siempre es el Amor de quién le espera
    Saludos

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias, Campi, aunque el refugio no parece tan seguro! Saludos

      Borrar
  2. Interesante la imagen de pisar el alquitrán, como el pasar de un abrigo a una campera.
    En esa clase de detectives hay algo parecido al delincuente, no hay tanta diferencia.
    Es significativo que el nombre sea Mirella, un nombre muy tanguero, para una historia noir. Para la beneficiaria del seguro del detective.
    Bien contado.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Es cierto lo del nombre tanguero! Aunque no lo pensé por ese lado, resulta tal cual lo decís. Saludos

      Borrar
  3. Cuesta abajo la rodada, es un tango. Excelente.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Como comenté en lo que puso Demiurgo, no fue intencional, pero bueno, agrada. Saludos

      Borrar
  4. Interesantes esos cambios pasar de un abrigo a una campera y plantearse cómo sonara ante un disparo, tanto ver ambas caras de la moneda que todo da igual, el bueno, el malo, en definitiva, todos tratan de sobrevivir a las balas.
    Me gustó mucho, es la primera vez que te leo, ha sido un placer.
    PATRICIA F.

    ResponderBorrar
  5. Foi muito bom conhecer teus escritos e gostei de tua inspiração... Ficou ótima a participação! abraços, lindo dia! chica

    ResponderBorrar
  6. Tu relato es muy potente, básicamente llevas al lector en el bolsillo del abrigo, después de la campera. Las imágenes que nos dejas ver son realmente visuales, me ha gustado mucho.
    Un abrazo!

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias Sckyw! Salió un poco a las apuradas, pero zafa. Saludos

      Borrar
  7. Hola Oso,
    Describes muy bien la vida de un sobreviviente que está más bien harto de sobrevivir. El ambiente y la sociedad que le rodea no le da muchas esperanzas. Me ha gustado mucho.
    Un saludo.

    ResponderBorrar
  8. Me ha parecido un relato muy sólido, con una voz narrativa potente y una atmósfera de novela negra que envuelve de principio a fin. Me gustó especialmente el tono reflexivo del protagonista, que va más allá del crimen para hablar del desgaste, la culpa y la resignación. El desenlace, sutil y emotivo, cierra la historia con una imagen muy poderosa que permanece en la memoria.
    Saludos

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias, Nuria. Un poco a las apuradas para cumplir, pero salió bastante redondo. Saludos

      Borrar
  9. No me digas que al final una bala le atravesó la campera nueva! Que mala suerte! Jeje muy buen clima lograste con la descripción de un suburbio en donde sus habitantes se sienten marginados del buen destino. Un abrazo y muchas gracias por sumarte. P.d desconocía la palabra "caliginosa"

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Parecía inevitable lo de la bala, ¿no? Gracias! Me encanta "caliginosa", que descubrí no hace tanto. Saludos

      Borrar
  10. Una descripción perfecta del desánimo y la pesadez que se refleja de una manera repetitiva en cada párrafo con la imagen del alquitrán que representa el estar pegado a esa triste vida.
    Una lección de escritura.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias, Tracy! Traté de que quede ese sello (pegajoso). Saludos

      Borrar
  11. La prosa envuelve, el ritmo sostiene y el final golpea sin necesidad de levantar la voz, porque hay relatos que te hacen caminar dentro de sus letras, sí, definitivamente, me encantó.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Gracias, Maia. Me costó volver a escribir, pero intentaré darle cierta continuidad. Saludos

      Borrar
  12. Estuve por comprarme la campera Atomik del Ciclón que es de un azul cerúleo muy diferente al azul marino más clásica, algo más oscura, pero sabe qué, fui a la tienda y cuando la toqué me di cuenta que la que me gustaba en su color es de tela de avión y me vi anticipando mi llegada a los lugares con mi sonido de roce tela contra tela.
    Cualquier sorpresa sería anticipada por algún hábil jugador.
    No, gracias, me quedo con las nikes y las signias de las temporadas viejas.

    Abrazos de debutemos bien, Pipo, en la Copa Argentina

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Ah, creo coincidir en que las pilchas sonoras no me van. Lo consideraría si tuviera una melodía cuervosa... Abrazo!

      Borrar
  13. mmm . no es mi estilo ... pero ya se sabía que eras delincuente ... ajajahh!!

    ResponderBorrar

Dale sin piedad...