Maneras de comenzar el día, muchas. Maneras que me ocurren a mí, menos. Por lo general, mates tranquilo, las palabras justas con la familia antes de que cada uno tome su destino diario consabido. Trabajo, escuelas, gimnasio… Después, lo de siempre, trámites, clientes, requerimientos, cuentas. Pero hay días, como decirlo, hay días en que no sé si el destino viene cruzado, si dios se levantó juguetón o ni se acostó porque no es domingo o quién sabe qué portal cósmico se abre, en que los momentos se viven raros, como extraídos de otro cuento o vividos en otra dimensión.
Me disculpé y fui al baño. Los mates, el frío matinal, el apuro por no llegar tarde, no sé. Baño vacío, mingitorios libres, a dejar escurrir esos nervios previos a la jornada laboral por el curso ambarino del alivio. Astuto, elegí el del medio para no andar codeando pared alguna. Pero el sino es más astuto, lo demuestra el abrirse de la puerta inmediatamente cuando ya es imposible abortar la misión. Un tipo alto y ancho, de los menos deseados en el baño. Se hizo lugar con un pequeño codazo o pechazo para que yo entienda que era necesario compartir estrecheces. Se lo veía un poco nervioso, por lo que inopinadamente arrancó conversación.
—Fresco día, ¿no? Todo se achica…
Mientras enrojecía, solté: —Buenas. Tal vez no tanto, ¿no?
Creo que de reojo sospeché que también revoleaba las pupilas. Entonces me envalentoné y arremetí.
—Sufre mucho el frío, ¿no?— Casi suelto una risotada al notar que todas las frases enunciadas terminaban en la pregunta que da pie para continuar conversando.
—Sufro el frío, pero también sufro lo vacuo de la existencia, dijo alguna vez Schopenhauer, jo jo jo— en un dudoso y risueño “yopenjauar”.
Quise ponerme gracioso, pero nunca me sale: —La existencia vacuna es sufrida, sabiendo que van al matadero tarde o temprano.
—Como todos, amigo, como todos— pontificó.
Dando por agotada la instancia filosófica del lento drenar, comencé a ejecutar las maniobras consabidas que anunciaban la finalización de la tarea. Con aire filosófico continuó: —Más de dos es… ja ja ja, usted ya sabe.
No me arredré. —Depende de la geometría del problema entre manos.
—Em.
—No sé si me explico. Lo oblongo no quita lo complejo.
Rió, como quien no entiende el chiste, pero no quiere quedar estulto. —¡Ja! ¡Oblongo Nghé!— trayendo a Les Luthiers al mingitorio.
—Algo así, amigo— espeté mientras enfilaba hacia la puerta.
—Aguante, que voy para allá— replicó.
Mientras ejecutaba pesadamente los últimos pasos de guardado y realiño dejó caer una especie de confesión. —Usted me agrada. No lo tome a mal, pero esta breve charla orinal ha sido más animada que cualquier noche con mi mujer. Usted sabe…
Y no, yo no sabía ni quería saber. Entre el halago por lo animado de la breve conversa y la declaración de incómodo silencio con la esposa, ya estaba convenciéndome de que lo mejor sería desaparecer en ese mismo instante de la vista del grandote. Por compromiso, tiré lo que consideraba la última frase de salida.
—No es fácil la convivencia. Unos más, otros menos, todos lidiamos con el peso de lo cotidiano.
—Yo ya no convivo, por así decirlo. Mi esposa decidió hacer del silencio su postura eterna. Las deudas, las discusiones… Allí quedó, mutando en aspecto, olores y colores sobre la cama que no volveremos a compartir.
Tragué saliva o eso quise, aunque juro que lo intenté, tieso como estaba. Y continuó retomando algo de la conversación previa: —Todos al matadero, unos antes, otros después. Ahora le toca al gerente de este infame banco, amigo—, sacando un grueso revólver. —Y después a mí. ¿Sabrá usted en qué oficina lo encuentro?
—¡Grap!, creo que la tercera a la izquierda.
Y lo mandé al escritorio del subgerente Ferroni, que me hace la vida imposible por sus celos profesionales. Mientras buscaba ganar la calle a los trompicones, al empleado de la caja dos se le ocurrió llamarme: —¡Señor gerente, necesito una firma!
Solo queda escuchar el disparo.
Brillante giro argumenta, el protagonista resultó ser el gerente. Delatado por el inoportuno del empleado de la caja.
ResponderBorrarSer el personaje narrador no implica necesariamente sobrevivir.
Un gusto volver a leerte.
Saludos
Gracias, estimado. Trataré de ir publicando algunos escritos cortos, en especial para no perderlos. Y también retomando este vicio apasionante. Eso sí, despacito. Empezaré por algunos blogs entrañables, como el tuyo.
ResponderBorrarSaludos
Entre el curso ambarino, yopenhauer y charla orinal, ha subido mi mister LOVE a ver de qué me reía tanto!!!! Calurosa bienvenida, querido Oso!!!! Beso. No te vayas....
ResponderBorrarBueno, espero que podamos continuar riendo. Gracias, espero regresar de a poquito
BorrarSi esto no es un regreso triunfal, hay que borrar esas dos palabras del diccionario.
ResponderBorrarLa Copa del Mundial de Escritura la tuvo que devolver a los cuatro años?
Un placer leerlo nuevamente.
Abrazo grande, Ciclón
Devolviendo la copa, hay que buscar nuevos brindis, compacuervo.
BorrarAbrazo y ya andaré visitando
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarjajaja muy bueno!... la filosofía del orinal sumada al insospechado final me ha hecho despertar una sonrisa mañanera jaja.
ResponderBorrarUn abrazo
P.D
celebro no ser varón para no tener que compartir tan cercanas estrecheces con gente ajena!
Gracias, Mónica. Celebre nomás, que vale la pena! Saludos
BorrarMuy bueno Oso, me preguntaba de donde te conocia, debe ser del blog de Netomancia.
ResponderBorrarSaludos.
Hola, María Rosa. Unos 7 u 8 años atrás nos comentábamos mutuamente nuestros blogs. Luego dejé de escribir (salvo algo ocasional) y de andar visitando. Un gusto. Saludos
BorrarQue no se corteeee
ResponderBorrarIntentaremos, Clau! Prometo! Gracias!
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