Tanto, tanto es así que hemos llegado a pasar el primer cuarto de siglo (¡de milenio!) y mientras creemos haber evolucionado hasta ubicarnos en el pináculo del desarrollo sapiens, andamos extrañando los viejos gloriosos momentos del faber, cuando nacíamos desprovistos de toda posibilidad de sobrevivir solitos en el mundo, alguien o algunos nos cuidaba o cuidaban hasta que empezábamos a vivir del modo en que se vivía entonces: ocupar toda la jornada en llegar vivos a la noche. Ayudar a construir refugios, afilar lanzas, mantener el fuego vivo y así hasta el día siguiente, previendo las nuevas amenazas: heladas, tigres, vecinos hostiles. En el medio y en cuanto fuera posible reír, amar, jugar y no mucho más por lo que preocuparse. Entonces nos moríamos por las heridas, la comida malsana y el frío, pero nunca por la depresión, la hipertensión o la diabetes, supongo.
Volviendo a los diarios y a su carácter de infame bitácora de la vida de otros, qué puñalada resulta la constatación de la evidencia de que ya no son confiables. Automáticamente resulta sinónimo de esta posibilidad de enfermarse por todo del hombre moderno que vive su modernidad.
Caminaba plácidamente por Avenida Dorrego gozando, o intentando hacerlo, del sol de la mañana. Sorteando la farmacia y agradeciendo no necesitar por ahora medicación alguna, crucé la calle para otear en el kiosco de Franco los números salidores en la lotería. Todo para qué, para encontrarme con la portada del Semanario La Corneta, que voceaba con cierta estridencia un titular inequívoco: “El señor Mario Farías es un garca”. Uno espera y tal vez desea aparecer en un diario como una celebridad, un deportista exitoso, cantante glorioso, ganador de la lotería, empresario que ostenta un récord productivo o simplemente favorecido en una rifa de chanchomóvil, pero nunca, jamás de los jamases imagina que su nombre será defenestrado por el titular de un semanario local, de esos que leen las viejas arrancando desde los obituarios y los mequetrefes desde el horóscopo.
Compré un ejemplar rogando que el viejo Franco no se hubiera detenido a leer el titular. Cayendo en la cuenta de cuadras hasta las oficinas donde se redacta y edita el semanario, no dudé en enfilar hacia allí. La mañana invitaba a la caminata, así que no me costó aspirar hondo y dirigirme al lugar desde donde se publicó ese vergonzante titular. La tranquila caminata iba trocando en un tranco sostenido y largo y hasta diríase un trote bajo, para no llamar demasiado la atención de los transeúntes. En un par de bocacalles, estuve a punto de ser atropellado, pero no me preocupó, porque en el peor de los casos no iba a haber titular, sino una pequeña nota en policiales donde ni siquiera me iban a mencionar por mi nombre completo sino haciendo caso a la asquerosa denominación por iniciales.
Por fin llegué a la puerta acezando, me hice registrar y pedí hablar con el editor jefe. Me dijeron que no estaba, por lo que accedí a entrevistarme con el cargo más alto que estuviera presente.
Salió el jefe de redacción y sin mediar protocolo, mostrando el titular de marras y sacudiendo el papel le espeté: ¿Cómo van a poner un vocablo tan vulgar como “garca” en la portada? ¿Dónde quedó la cultura escrita? ¿No son capaces de seguir un manual de estilo?
Y revoleando hojas por toda la oficina, me retiré apenas aliviado por mi descargo.
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Este texto medio pavote aporta a la Convocatoria Juevera de Artesanos de la palabra sobre JUEVES NOTICIOSOS. Allí encontrarás más y mejores relatos.

Hola Oso, que te puedo decir, que tenés toda la razón, yo me enojo con periodistas, locutores que en los diferentes medios, radios, TV, hablan o escriben de manera tan desastrosa, la palabra "garca" en tu historia es una de tantas, la cultura se perdió en alguna esquina. Me gustó mucho tu texto y sin dudas es para reflexionar.
ResponderBorrarMuchas gracias por participar de nuestra propuesta, un abrazo.
PATRICIA F.
Gracias, Patricia. Así es. También quise mostrar un poco de locura de lector, que desvía su atención a cuestiones secundarias. Al menos me causó gracia verlo así. Saludos
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