ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.
Mostrando las entradas con la etiqueta poemas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta poemas. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de enero de 2022

Manos de niño, desierto, muralla, caída

Consigna del Mundial de Escritura: es 1874.
Están en una ciudad aislada en el desierto,
rodeada por muros que protegen a los habitantes
de leones y leopardos que la acechan. A veces, se cuelan las hienas
y atacan a los enfermos. Un chico les muestra las manos.


Soles con soles se eclipsan,
arena con arena se cubre,
no hay pesar ni pena en el desierto.
Hay horizonte borroso,
fatigoso respirar,
inevitable transcurrir.
Un día de tantos días
se alza en el fondo una muralla,
piedra que emerge, amalgama
de luna con arena.

Es Asuán o Abu Simbel
acaso importa medir la Tierra
o rendirse ante Ramsés
si el muro es tan endeble
que se cuela arena, hiena,
víbora cornuda y toda peste
que reclame refugio en la andadera.

A su sombra,
tras un portal maltrecho,
los ojos de un pequeño
recuerdan al viajero algún oasis,
no imploran, parecen ofrecer
el recuerdo de lo que llaman vida.

Sus manos ya gastadas
—con huellas de soga,
de basto mango de azada—
remedan mapas de tribus,
de pozos, de fuentes del Nilo,
trazados de Eratóstenes,
paso regular de camello,
aljibe con fondo iluminado,
anguloso gnomon de Alejandría,
asombro de Ptolomeo, el tercero.

La tierra que las cubre y las contiene
es ocre reflejo de la otra,
la mayor, esa que gira
negando primaveras al desierto,
soleando por mitades
las ciudades, las aves y espejismos,
y se hinca al ingenio de aquel
sabio que le puso cota.

Y sus dedos señalan los descansos
permitidos al rendido peregrino,
se cierran en gesto de vasija,
endeble muro confinando aire
reseco cual peñascos pardos,
promesa de agua fresca y dátil.

Queda poco, tras Gundat
caerán a plomo las verdades,
lo poco que no troque en osamenta
parirá siglos de arenario
en ese día las manos del pequeño,
la tierra que la cubre,
las medidas,
los camellos,
las murallas,
serán el tiempo que fluye hacia la sima
y cayendo arremolina,
hunde las fronteras
del vacío que se hace entre cristales
y el nadir que a todos nos espera.

martes, 5 de octubre de 2021

Fuerte

Consigna del Mundial de Escritura: 
escribir un poema a partir de un juego de la infancia 
y algo que pueda representar hoy en la vida.
 

En un fuerte de madera con yeso
parapétanse hostiles soldados
ante un enemigo despiadado
que se cierne con apetito avieso.

Qué infortunio traen entre las sombras
de esos pliegues de plástico blando,
qué mañanas irán acribillando
sin modesta trinchera bajo alfombra.

Atacan (sin piedad) desde los riscos
los malos, los oscuros, los infames,
y por atronador que el cañón brame
refuerzan la defensa los ariscos.

Apenas encontraron parapeto
en alto un estandarte, una bandera,
provee de carbón a esas calderas
y remonta corazones en el reto.

Renuevo mi estrategia de soldado
que no entiende en la liza de renuncios
y no requiere de prístino anuncio,
saberse frágil y de escudos demudado.

El fuerte es la coraza de mi cuero,
las huellas en mi carne los soldados,
los filos que me han atravesado
indican ya las causas si me muero.

Y vos, mujer franca, la bandera,
la pausa, la proclama, la elegía,  
y el pendón que luzco en la porfía
de las lides que juntos ya enumeras.

Te contemplo y enciendes la mirada,
azuzas ya mis luchas sin reparos,
reanimas las defensas, mis amparos,
mi fuerte, mis soldados y mi espada.

domingo, 7 de junio de 2020

Humedad

Es nueva y la de siempre, lo sospecho,
agazapada espera su momento
Tefnut, la que no sabe de tardanzas,
al venir de oriente grácil e implacable.

Brota desde abajo de los techos
como si cayera del modesto cielo
paño de memoria, huesos en alerta,
geómetras escudriñando el Nilo
intuyen ángulos en los fangales
a la vista de Shu que va a su zaga.

Así brota, de la mano escondida
en dulces pliegues de carne y reta
en un descaro a esos dioses
que prefieren (colegimos) la culpa
a la alegría y el destino a la osadía.

Y viene siempre de lo humilde desatando
la leona encarnizada de los ojos
con fuego que hará de Nubia un desierto
y de este barrio un enchastre perenne

que no sabe o que no quiere encontrar
que al fin de la acuosa agonía será
génesis de lo renovado con Thales
como testigo, si vale saltar por Lindos.

Aquí y allá en otras costas con milenios
se dirá que es lo que mata, que no el tiempo
de tantos inviernos asaz lacerantes
ni esas saetas de traicionera esquina
ni la cruel omisión de los llamados buenos.

Es nueva y la de siempre, lo afirmamos
como las columnas del nuboso planeta
y volverá Tefnut atribulada a soplar
el rocío, la empapada entraña fértil
de la carne, ya viva, ya muerta y enterrada.

martes, 3 de septiembre de 2019

Siendo árbol

Siendo árbol sos todas las vidas.
Sauce arrepentido de cerviz de Danton
en la funesta espera.
Enhiesto álamo, cándido mangrullo en la llanura,
tardío menhir transmigrado
de algún solsticio boreal
extraviado entre las eras.
Firme quebracho en la solana
angustiosa de conjuro de siesta.
Tabaquillo persistente entre las rocas
millonarias de erosiones.
Digno ceibo del camino, 
oficio de bombo y de abrazo en sombra prodigado.
Eucalipto señorial 
desgajado en el malón pampero.
Un ciprés porfiado 
aguijoneando el cielo al reclamo 
de porqués y paraqués.
Mojón ombú que quiebra el horizonte, 
signo de posta necesaria.
Arpegio de jacarandá en un estilo, 
que se funde entre gorjeos reventando primaveras.
Don de algarrobo, pastor de soles
sin tiempo, ubre de aloja atardecida.
Silencio de higuera 
en promesa de dulce breva.
Paraíso, sitial de chicharras
sabias de mansos amaneceres.
Generoso limonero de la paciente huerta.
Ese fresno que al guiño de su compañera
suelta el humilde maná crujiente en ocre.
Siendo árbol serás mango, poste, leña, bastón,
aire, suelo, casa y cobijo.
Y un día serás ceniza, podre o solo humo
para volver urgente a aquella nada,
sin notar quizás que para pocos
fuiste todo -nido, cubil, sombra y señal-
siendo árbol que no sabe de ventajas
que yace en el polvo
desnudo de mortajas.

lunes, 23 de enero de 2017

Luna de los ochenta

Los ochenta representaron sobre todo la vuelta a la democracia a nuestro país.
Me tocó transitar la escuela secundaria al unísono con el nefasto Proceso de Reorganización Nacional, esa especie de gran farsa montada por el poder real de nuestro país casi exclusivamente para sostener e impulsar sus grandes negocios, bajo la máscara de una posible toma del país por una extrema izquierda que acabaría no solo con nuestra sagrada tradición nacional y cristiana sino con la familia como institución y varios etcéteras.

De hecho, recuperada la democracia con el alfonsinazo como expresión política consagrada ese mismo mes, gritábamos en el Centro Cívico de Bariloche las típicas consignas antimilitares egresados de todas las provincias del país en algunas de las manifestaciones más emotivas que siempre recordaré.
Nuestra ciudad vivió el Proceso en modo particular. Puesta un año antes del golpe bajo el talón de acero como una aleccionadora muestra de lo que iba a venir —y donde acero no significa sólo la dureza sino también la complicidad y el protagonismo ventajero que supo ejercer de la mano de Martinez de Hoz la enorme Acindar, bajo cuya sombra paternal la ciudad no parece iniciar nunca un fototropismo propio— aprendió que abrigados por ella, por algunas grandes empresas más y por la vigilancia de conciencias ejercidas desde la parroquia nada malo podría sucedernos.

Una noche muy fría casi de madrugada con el furor democrático en alto, decidimos con unas amigas ir a guitarrear un poco a orillas del río en el Puerto de Cabotaje. Valía cantar y bailar, creíamos. En medio de un furibundo coro de El fantasma de Canterville, y mientras la luna se recortaba pegada al horizonte este del río, aparecieron de la nada dos marineros de Prefectura, un oficial y un pibe que hacía la colimba. El oficial nos verdugueó hoscamente y pasado un muy mal rato entre amenazas de arresto, toma de datos y moralina aleccionadora, fuimos expulsados del lugar cuando la otra opción era calabocear unas horas o dos días.

Luna de los ochenta es una zambita un poco ingenua que recoge ese momento, quizás para no olvidarlo sin más, quizás para tener algo que contar o quizás para que quien lea o escuche haga algunas preguntas a sí mismo o a otro. Ojalá.
Casualmente se me había pegado una melodía de armónica que había inventado a modo de ejercicio y sobre esa base terminamos de componer la zambita. Como algunos otros temas de gente conocida, la zamba está redondeada en la repetición a modo de rosario o mantra de unas frases sobre la aparición de la luna como cómplice de travesuras en el frío de esa noche.



LUNA DE LOS OCHENTA
zamba

Aire pampero va
acunando la ciudad,
pero la luna besando el río en la madrugada quiere brillar,
pero la luna besando el río junto a nosotros quiere brillar.

Sueño en frío metal
sin palabras que dar,
pero la luna besando el río en la madrugada quiere cantar,
pero la luna besando el río junto a nosotros quiere cantar.

No tenga miedo, oficial,
solo vamos a cantar,
mire la luna besando el río en la madrugada, viene a bailar,
y ya la luna besando el río junto a nosotros viene a bailar.

Hoy supe que el amor
es arma de temer
porque la luna besando el río en la madrugada viene a brillar,
porque la luna besando el río junto a nosotros viene a brillar.

Mi guitarra y tu voz
no se podrán callar,
porque la luna besando el río en la madrugada viene a cantar,
porque la luna besando el río junto a nosotros viene a cantar.

No tenga miedo, oficial,
solo vamos a cantar,
mire la luna besando el río en la madrugada viene a bailar,
y ya la luna besando el río junto a nosotros viene a bailar.


Pruebita de armónica con la melodía de la letra (hasta el fin del primer estribillo), así nomás para tener idea

jueves, 13 de octubre de 2016

Disculpe, mi brigadier

El 24 de mayo del año pasado fuimos invitados a participar de la peña de Coplas de la Orilla, una movida importante que se desarrolla en Acebal, en nuestra provincia.
Allí cantamos varios temas y, como siempre, entre allos algunos de los nuestros. Miestras estábamos tocando llegó el inefable Orlando Veracruz -era el número central de la noche- quien se acercó al escenario con su conocido histrionismo en una escena entre sorprendente e hilarante.
Cuando la peña terminó, entre un saludo y otro y la alegría de los brindis, se acercó para pedirnos que ya que componemos nuestros temas hagamos algo dedicado al gran Estanislao López, caudillo padre de la identidad santafesina.
Lo primero que se nos ocurrió es hacer un tema litoraleño, dado el personaje. Pero lo nuestro han sido siempre las zambas, gatos y chacareras. Sin embargo, Fernando me sorprendió rápidamente a los pocos días con una hermosa melodía y un soberbio acompañamiento, como si toda la vida hubiese tocado música litoraleña. Era una chamarrita, esa especie de milonga tan popular sobre todo en Entre Ríos, de las que tanto escuchamos por los Hermanos Cuestas y otros. Me apuré en escribir una letra, pero no nos convencía, sobre todo en la métrica, que no lograba acertar con la gracia propia de las chamarritas.
La dejamos reposar casi un año, la retomamos y hasta la tocamos ya algunas veces.
Costó encontrar algunos hechos y características del brigadier que sean señeros de su vida y su accionar, en parte por la propia ignorancia -que es más o menos general- sobre el tema.
Al final, con unos cuantos retoques nos conformó y decidimos empezar a cantarla, habiéndola registrado previamente habida cuenta del modo de arar de algunos bueyes.


DISCULPE, MI BRIGADIER

Disculpe, mi brigadier,
pero lo necesitamos,
un hombre cabal de ley,
seguidor del buen Don Belgrano.

Los ríos santafesinos
le piden que no se vaya
y atravesando fronteras
lleve la revolución sembrada.

Aquí el futuro se escribe
a firme pulso, señor,
su gesta federalista
engendró la Constitución.
Su lanza trazó los rumbos
de Santa Fe insuperable,
comprovinciana hermandad
¡lindo cerco pa asentarme!


No se vaya, mi brigadier,
siga usted plantando escuelas,
los brotes santafesinos
a la nación servirán de espuelas.

Escríbale a San Martín
con aire de buen paisano:
“lo espero en el desmochado,
desplegada llevo la mano”.

Aquí el futuro se escribe…

Venga usted, mi brigadier,
antes que llegue Balcarce
a incendiar el rancherío
y las cunas de los que nacen.

Disculpe, mi brigadier,
acá lo necesitamos
su herencia será bandera,
hecha carne entre estos barros.

Aquí el futuro se escribe…

El video que sigue es algo de lo poco más o menos decente, si bien no es la mejor interpretación. Fue en Rosario, en una peña a beneficio de la Biblioteca Popular de Empalme Graneros Norte. Uno de esos lugares donde uno quiere volver siempre.



Ah, tratamos de comunicarnos con Veracruz para comunicarle la realización de la tarea a través de algún conocido nuestro, que sabemos amigo del músico. Ehhh, buenoooo, sí, yaaaaa, cof, cof, ejem... Vemooo...



sábado, 6 de agosto de 2016

Gato del patio e tierra

El gato es una de las músicas folclóricas más tradicionales y difundidas por las costumbres escolares. Se baila suelto, con movimientos que insinúan galanteos recíprocos donde el hombre sigue a la moza con elegancia y a una distancia prudente. Tiene variantes según la región a la que pertenece, pero sin perder la gracia que la identifica.
Se dice que su nombre nace de la vetusta copla:
Salta la perdiz, madre,
salta la infeliz;
que se la lleva el gato,
el gato mis-mis...
 Con Fernando compusimos el Gatito del Chapuy, que ha resonado bastante en nuestra ciudad y en la región debido a la identificación que producen los avatares compartidos de transitar dicha ruta.
Ahora intentamos con otro gato, de temática más tradicional: el enamorarse en los bailes de carnaval. Como contrapartida de Ceniza de vieja quema, aquí parece que los galanteos están cerca de producir el resultado esperado. De paso, pintamos la clásica escena del baile donde hay varios instrumentos, el cura larga su solemnidad para guitarrear, las comadronas hacen corrillo y aparece el típico beodo de las farras.
Ya subiremos video.


GATO DEL PATIO E TIERRA

Cuando suena este gatito
salen todos a bailar.
Tropezando por el tinto,
nadie queda en el lugar.

Se levanta el tierrerío
venga alguien a regar.


Las muchachas bien donosas
coquetean al zarandear.
Los muchachos entonados
dele y dele zapatear.

Si me das esa cintura
no la suelto nunca más.


Cuchicheando a un costado
las viejas marcan compás.
Cogoteando una botella
el tío Adolfo va pa'trás.

No se pierda esa morocha
entre la multitud.


Carnaval para mi tierra
que se alegra al festejar.
El curita sin sotana
la guitarra va a rascar.

Se levanta el tierrerío
venga alguien a regar.


Un violín empaña estrellas,
el bombo te hace vibrar,
si bosteza un bandoneón
mi pueblo voy a añorar.

Si me das esa cintura
no la suelto nunca más.


Yo te he visto de reojo
me mirabas al bailar.
Seré pobre pero honrado
amor no te va  a faltar.

No se pierda esa morocha
entre la multitud.

sábado, 23 de julio de 2016

Ceniza de vieja quema

Los carnavales norteños eran -y siguen siendo- los momentos propicios para enamorarse y formar pareja. En muchos casos, los habitantes de los cerros bajan ilusionados a los pueblos para los carnavales abandonando por un tiempo sus majadas.
Las celebraciones son multitudinarias y alegres, colmadas de bailes populares y procesiones. En cada provincia adquieren un color especial, no obstante hay temáticas comunes muy relevantes de orígenes ancestrales.

Entre las costumbres se destaca la quema y el entierro del pujllay, que es un gran muñeco representativo de una figura de origen autóctono que aparece en carnaval, con diferentes leyendas sobre su origen. Los carnavaleros juegan con ramos de albahaca y la cara enharinada hasta que se realiza la fiesta de la cacharpaya para cerrar los días festivos quemando y enterrando al pujllay.
Para quienes las fiestas no dieron el resultado de la correspondencia en sus amores, puede resultar que la espera sea de un año hasta una nueva bajada del cerro a las celebraciones.
De ahí tantas zambas, chayas y carnavalitos dedicados al carnaval.
Esta zamba que compusimos, como tantas otras, tiene esta temática central: la tristeza de perder la oportunidad de conseguir enamorada en carnaval y esperar un año más con los fuegos por dentro. Ya la hemos cantado y parece que no está mal. Va la letra, cuando tenga un audio aceptable lo subo al costadito.


Ceniza de vieja quema

Me anda doliendo esta zamba
ay, si pudiera bailar,
y para colmo e dolores
ya hemo enterrao el pujllay.

Me falta albahaca y harina,
la cacharpaya acabó,
el viento me lleva al cerro
apuñalaito de sol.

Ceniza de vieja quema,
dame fuerzas pa cantar,
cambiando penas por coplas
pa volver en carnaval,
cambiando penas por coplas
pa volverme a enamorar.


El monte llama al burrito,
la luna llama al cacuy,
a mí no me llama nadie,
rumiando pesares voy.

El fuego se fue apagando,
mis ilusiones también,
quedan rescoldos por dentro,
viday, que vuelvan a arder.

Ceniza de vieja quema,
dame fuerzas pa cantar,
cambiando penas por coplas
pa volver en carnaval,
cambiando penas por coplas
pa volverme a enamorar.


viernes, 25 de marzo de 2016

Incerteza

Siéntase el docto en el estrado
dándose aires de ocupado.
Espera la plebe indolente
que dictamine adusto y serio
castigo por el improperio
de no aportar lo suficiente.

Han manchado asaz las alfombras,
qué infamia escondida entre sombras,
clama al cielo, ay, la justicia.
Pende en su mano una balanza,
un fiel que apunta a la panza,
que despunta en su avaricia.

Más olvida el alto soberano
-olvido y pus van de la mano-
que su madre no dio de mamar
guardando forma de sus pechos,
una nodriza ha satisfecho
el necesario alimentar;

una mestiza lo bañaba,
otro al sol cosechaba
lo que en su mesa abundante
desafiaba los escaseares,
ninguneando los penares
de toda mersa circundante.

Qué le queda a esas gentes
y dónde rumian aliciente
los nadies que nadie protege,
cegados al sol que esplende,
qué fortuna, qué loco duende
qué ángel astroso y hereje

los herirá de rebeldía,
los partirá en nueva agonía
pariendo frentes que se izan,
revoleando nuevos pamperos
de golpear seco el avispero
como fogata que se atiza.

El docto, sabio, riguroso juez
verá amenaza en la oscura tez
si los ojos así se levantan,
pupilas que devuelven juicio
-balanza de ese fiel fenicio-
cuando miles voces cantan.

Recuerden aquellos ningunos
que nada más nada hace uno
cuando resuena aquel eco
en todo vacío incierto
que werner estalló en concierto
y ornó la ausencia con flecos.

Si es que en lo incierto obró la vida,
gesta el nadie agraz salida
no hay ley, no hay docto ni juez
ni paz para el encumbrado,
no habrá decálogo grabado
ni imperio de óleo sagrado
ni dios que los perdone después.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Como casita de hornero

Esta es una chacarerita simple, con algún arreglo que se pretende vanguardista. El hornero es un pájaro que construye su casita de barro en yunta y permanece con su pareja toda la vida. En nuestra niñez, cuando andábamos con la gomera al cuello, se nos decía que "nunca hay que tirarle al hornero" y no hacía falta decir más. Era uno de esos viejos y sabios tabúes que se atesoran con cariño. Rústico por fuera, delicado, cálido y suave por dentro es este nido, un canto a quienes construyen su rancho con la ilusión de que se asemeje a la casita del hornero.
Como curiosidad, es el primer tema en el que primero tuvimos la música -que creó Fernando- y yo ajusté una letra a la melodía.

COMO CASITA DE HORNERO
Baila morena que la noche ya se va,
sube el lucero a tus ojos pa brillar,
como casita de hornero
mirando de frente al sol

Cuando amanezca nuestro rancho brotará,
masa de adobe entre tus dedos será pan,
como casita de hornero
poco a poco crecerá.

Tensa el alambre del horcón hasta el puntal,
barro en tu piel que yo ya quiero acariciar,
como casita de hornero
suave para enamorar.

Y cuando seque el barro,
a la sombra del sauce
tu vientre promesa ha de dar,
como casita de hornero
el sueño de retoñar.

El caserito canta en yunta al anidar,
ala con ala en la vida han de andar,
como casita de hornero
lo mejor para entibiar.

Moza bravía en la puerta del hogar
guarda secretos que endulzan el descansar,
como casita de hornero
esconde la suavidad.

Ella desgrana melodía al trabajar,
se hace pañuelo que espanta mi penar
como casita de hornero
que refugia hasta aclarar.

Y cuando seque el barro
a la sombra del sauce
tu vientre promesa ha de dar
como casita de hornero
el sueño de retoñar.

domingo, 4 de octubre de 2015

Del silencio

Llevamos algún silencio
como un duende en la alforja
que revuelve lo perdido
y te muestra lo encontrado.

Se apodera de lo incierto,
pone pausa en un festejo,
revolea los faldones,
los suspiros, los renuncios.

Así arriamos, cual pampero,
panaderos por el aire,
suaves soles desprendidos
de esas ramas con espinas

que se encienden cuando vuelan
o vuelan cuando se encienden.
Son silencios que nos cantan,
gorriones en las ventanas,
exilio de los ensueños,
vela el puma en la alborada.

Llevamos algún silencio
prendido como divisa,
escarapela que punza
el pecho como estocada.

Esas cosas que no fueron
pero hubiésemos querido
se cuelan en el silencio
porfiadas como el abrojo.

Las que fueron y se fueron
reclaman de las entrañas
que se abran las corazas,
semillas de jacarandá

que se encienden cuando vuelan
o vuelan cuando se encienden.
Son silencios que nos cantan,
gorriones en las ventanas,
exilio de los ensueños,
vela el puma en la alborada.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Isla con muro

Allí donde los mares se cuecen en tifones
en brava lejanía consciente de sus simas
emerge aquella isla preñada de corales.
Como cicatriz, un muro de lado a lado cosido
crece y brota regado en lluvias tropicales,
en sol como una perla encastrada en el poniente.
Un muro enredado en porfiado abrazo de las hiedras,
alto de caminantes, fin de sendero, baldón de la osadía.
Aquí, no allá, un imperio,
cuajado de empedrados, de templos
de dioses y ofrendas de primicias. Majestades.
Allá, no aquí, el desabrigo,
oquedad de vientres, carencias en suspiros.
No ser de no ser nunca ni saber que no se es.
El muro alimentado por las generaciones
esconde el sibilino oprobio del dominio:
hay otros allá en la sombra, al sur de la muralla
secreto que se dice pero no se nombra
acaso trajera males sin remedio.
Mas de tanto en tanto trepa el astro la barrera cenital
se aviene en guiños deslumbrantes de sombra de Asuán,
se atreve a desafiar el paramento que bifurca
y hay quien sueña al cerrarse las pupilas
y aspirar los soles como polen.
Algunas noches la luna se divierte
saltando la barrera como niña
tomándose la falda al paso de la soga.
Besando las frentes a escondidas de los dioses
que cuentan las primicias ofrendadas
y se hace moneda allá en el sur de la muralla.
Aquí, no allá, los ritos ya prescriben el futuro,
la sucesión de reyes, la nobleza, se cuecen en cristales
de clara ortografía y paren monumentos
de ruinas seculares.
Si no fuera por lo cotidiano,
lo presente, lo caliente,
diríanse -entre ellos- en cambio que fuera lo que fuera
lo que está afuera
y vuelva por sus fueros
así permanezca por designio de los dioses
(que no atan a la luna)
que gobiernan desde el atrio de los templos
hasta el día en que los hijos -o los hijos de los hijos- olviden.
Por lo menos hasta ese día.



jueves, 9 de julio de 2015

Luz mala

Luz mala es una zamba tradicional que compusimos hace un par de semanas con Fernando. Mientras esperaba que empiece una conferencia en el instituto donde trabajo, me entretuve escribiendo unos versos. Es el cantar de un paisano que compara su mal de amores con un encuentro espectral en el medio de la pampa. Con los versos se me ocurría una primitiva melodía que grabé en el celular para que no se me olvide. El bullicio era tal, que cuando se la pasé a Fernando para que redondee la música prácticamente la tuvo que hacer toda de nuevo porque se entendía poco y nada. Al final, salió una linda zambita que vamos a estrenar esta noche acompañando a los genios MandaLa Criolla en nuestra ciudad.
 

LUZ MALA

Luz mala anda en la pampa
vistiendo hilachas de luna,
gimiendo estrellas de escarcha,
ahogada en llanto y laguna.

Luz mala habita en la noche,
trenzar una historia intenta,
vacía en carnes sin alma
sacudiendo la osamenta.

Tu amor es como luz mala,
mi alma entierra en quebranto,
de mis sufridos amores
solo me queda este canto.


Luz mala miente al oído
de aquel incauto paisano
que anda errando hacia el alba
sin treinta y pico de mano.

Amores busca luz mala,
ofrece en cambio un espanto,
abrazo que hiela el pecho
la muerte en un desencanto.

Tu amor es como luz mala,
mi alma entierra en quebranto,
de mis sufridos amores
solo me queda este canto.



Por suerte alguien nos grabó el estreno de Luz Mala en Villa. A pesar de que estaba muy nervioso y pifié en más de un lugar, me gusta cómo salió. Tocarla en vivo, así sea en un lugar pequeño sirve para tantear la cosa y además para ver si hay que hacerla más alta, más baja, con más polenta, etc. ¡Por ser a primera vez, zafamos!



domingo, 28 de junio de 2015

El confiado

El confiado es un huayno, género de origen incaico con letras populares, simpáticas, que traen a conocimiento de quien lo escucha amores, situaciones cotidianas, atrevidas, con un tono de humor a veces socarrón. Tiene una coreografía divertida y fiestera. Quisimos componer uno en el estilo, para charango y percusión. El confiado es un muchacho que se tiene fe para ganar los amores de la cholita, pero que le da fiaca hacer el esfuerzo para que eso suceda. Canta para darse ánimos mientras se da tiempo hasta que aparezca el momento oportuno, que no parece cercano.

Voy bajando del cerro,
del cerro, mi cholita
y cuando te dé alcance, mi negra
te juro, no te hai de escapar.

Encontraré trabajo,
encontraré, cholita
y cuando tenga plata, mi negra,
te juro, no te hai de escapar.

A mí me dicen confiado
de tanta fe que me tengo.
Apenas yo me levante
empiezo a buscarte
si no hace calor.
lai la la...
empiezo a buscarte
si no hace calor.

Le hablaré a tu madre,
le hablaré a tu padre,
y si salgo enterito, mi negra
te juro, no te hai de escapar.

Saldremos de este rancho,
saldremos, mi cholita,
y de la casa con tejas, mi negra
te juro, no te hai de escapar.

A mí me dicen confiado
de tanta fe que me tengo.
Apenas me levante
empiezo a buscarte
si no hace calor.
lai la la
empiezo a buscarte
si no hace calor.

Me compraré un autito,
un autito, mi cholita,
con la envidia que demos, mi negra
te juro, no te hai de escapar.

Y si no te enamoro,
no te enamoro, cholita,
me gano la lotería, mi negra,
te juro, no te hai de escapar.

A mí me dicen confiado
de tanta fe que me tengo.
Apenas me levante
empiezo a buscarte
si no hace calor.
lai la la
empiezo a buscarte
si no hace calor.

martes, 10 de febrero de 2015

Gatito del Chapuy

Hay una ruta muy particular y especial para los villenses. Nace en el corazón de la ciudad, en el cruce que llamamos Las Dos Rutas -barrio del que tanto he intentado escribir- y termina en la Ruta Nacional Nº 8 cerca del pequeño pueblo de Chapuy, a unos kilómetros de Venado Tuerto. Por eso se lo llamó sin mucha originalidad camino a Chapuy, de ahí el nombre propio con el que lo conocemos los villenses y toda la región: el Chapuy. De nada sirvieron los eternos cambios de nombres o bautismos oportunistas de la calle en la ciudad (San Luis, Av. Centenario, actualmente Av. Presidente Juan Domingo Perón) ni la variedad de bautismos de sus tramos (Ruta Nacional Nº 177 y Ruta Provincial Nº 90), para todos y a lo largo de su recorrido se llama el Chapuy.

Otrora único acceso de los camiones cerealeros de la cuenca al puerto de la ciudad, hoy es más un camino de pueblos y de acceso a la autopista Rosario-Buenos Aires. Como sea, el Chapuy siempre se caracterizó por tener algunas zonas escabrosas o hundidas y peores remiendos -algunos, alevosos afanos al bolsillo del que aporta- que hacen de su recorrido una verdadera aventura. Y también se caracterizó y caracteriza por presentar unos maravillosos paisajes rurales de pampa húmeda imposibles de representar con palabras.
Va el mapita para quien quiera seguirlo.

Y como con mi amigo Fernando queríamos componer un gato -que es una danza con métrica propia-, escribí unos versos con ese formato tratando de darle la sencillez propia de las letras de los gatos y él redondeó una hermosa melodía, que algún día compartiremos con quien se atreva a escucharla.

Gatito del Chapuy
               I
Cuando ya te falte el aire
y te vayas en suspiros,
cuando ya te falte el aire
y te vayas en suspiros

si querés sentirte vivo
agarrá por el Chapuy.

Si el amor partió en fuga,
solo, en banda te dejó;
si te faltan emociones,
sobresaltos y acción,

no te quedes, arriesgate,
agarrá por el Chapuy.

La, la, lara...

Si querés sentirte vivo
agarrá por el Chapuy.


               II
Y salite por Empalme,
llegate a Rueda o Godoy,
Y salite por Empalme,
llegate a Rueda o Godoy,

persiguiendo el horizonte,
a rodar por el Chapuy.

Santa Teresa a un costado
y en Alcorta una ilusión,
sembrados entre cañadas,
flamencos en Melincué.

y con suerte llegarás,
si agarrás por el Chapuy.

La, la, lara...

Si querés sentirte vivo
agarrá por el Chapuy.
Comienzo del Chapuy en Las Dos Rutas

y con suerte llegarás si agarrás por el Chapuy...
no te quedes, arriesgate...


típica imagen de la ruta
sembrados entre cañadas

flamencos en Melincué

llegate a Rueda o Godoy

Ruta 8 donde termina el Chapuy (a la derecha)


Entrada de Villa Constitución por el Chapuy

miércoles, 21 de enero de 2015

Cuento estrellas

A cambio de una mirada
yo cuento estrellas,
cayéndome como Tales
estrellas sigo contando.

Si se hace fría la noche,
alargándose las sombras
y las velas languidecen
me entretengo vivamente
contando los ramilletes
que asemejan tantos mundos
y otros rumbos

Cuento estrellas y los cuentos
de aquellos que las contaron
Relatos ya milenarios
que germinan vuelta a vuelta.

Cuando hayas recorrido
los rincones de la tierra,
campe el hastío en tus ojos
y atropellen las penas
te cuento cuentos de estrellas
o me ayudás a contarlas.

Es fácil, no necesita
abono de banca en banco,
exige alto el semblante,
la mirada despejada,
alguna mano en el hombro
y elegir el hacia dónde.

Pero no se recomienda
para gente sin historia,
sin profundas cicatrices
y sin cruentas batallas.

Hay quien dice que las formas
que se adivinan entonces
remedan huellas de vida,
de atardecer en derrota,
de glorioso amanecer
y haber jugado bastante.

Cuento estrellas y cuentos de ellas,
solo con eso
contemos.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Que cura heridas

Desde hace unos meses con mi amigo Fernando conformamos un dúo folclórico y pasamos algunos ratos maltratando zambas por aquí y por allá. Nos gusta al folclore un poco rústico y le escapamos a los arreglos redulzones popularizados en los últimos años.
Naturalmente, apenas empezamos nos interesamos en componer algunos temas. Como inspiración no es lo que abunda, decidí utilizar algunos poemas o escritos de este blog como base de letras -El sueño de Bautista se convirtió en un valsecito criollo, Milonga de long and winding road en una chacarera bien clásica (a pesar de algunos términos en inglés y referencia a canciones de los Beatles), Zamba de calle Pampa en lo que dice el título (no como Milonga... que fue chacarera al final) y traté de escribir algunas otras. Viernecitos de octubre fue una copla norteña y Chacarera de venir volviendo un recuerdo (más) de niñez.
Hace unos días nos propusimos una zamba con temática tradicional del norte (carnavales, luna, regreso, vino, etc.), Fernando compuso la melodía y aunque salió un poco romanticona nos terminó gustando, así que la estamos incorporando al módico repertorio.


Que cura heridas

La luna que se hace caja en la noche,
tam tam pa mi caballito en el trote,
la pena se recuesta en la escarcha
del ancho valle.

Duerme en embrujo tibio mi cholita,
puñal que corta firme en el desvelo,
vuelvo añorando los carnavales
de harina y copla.

El rancho que me espera acariciando
el fin del camino,
fuego que cura heridas,
mi negra, dos vasos junto al vino.

No se han de morir por las ausencias
hundidos en el frío del invierno,
soles de los fogones, revoleando
los pañuelos.

Crepitando la leña en la hoguera
destellos azabaches que relucen,
la espera se hace dulce, el camino
voy desandando.

El rancho que me espera acariciando
el fin del camino,
fuego que cura heridas,
mi negra, dos vasos junto al vino.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Chacarera de venir volviendo

Hace muchos años, en los setentas, andaba Manina -el borracho bueno- recorriendo las tardes de la ciudad. A veces se acercaba a la cancha de las Dos Rutas para hacer alguna pirueta con la pelota y, por supuesto, caerse despatarrado... Y los domingos por la tarde solía escuchar por radio con la pibada en la esquina de don Pérez el partido más importante relatado por José María Muñoz. Un día de verano, un colectivo o un camión -no recuerdo- se llevó a Manina en una última pirueta patética. Hace un par de semanas se me ocurrió esta letra de chacarera a la que mi amigo Fernando le agregó una melodía fantástica. Algún día, cuando la tengamos un poco pulida, la vamos a cantar en público y vendrá volviendo Manina, allá, por las Dos Rutas, para desatarnos una sonrisa y alguna que otra lágrima.

La pelo rueda en la tarde,
los arcos son dos remeras,
se nubla de vez en cuando
por humo de la aceitera,
se nubla de vez en cuando
por humo de la aceitera.

Se va cortando el partido
cada foul, cada trabada,
los pibes transpiran fútbol
festejan hasta atajadas,
los pibes transpiran fútbol
festejan hasta atajadas.

El tipo viene escabiado
adivinando los pasos
y escribe dubitativo
en las dos rutas su ocaso,
y escribe dubitativo
en las dos rutas su ocaso.

Boca y Ríver por Muñoz
a la sombra de la esquina,
por la ruta y a los tumbos
viene volviendo Manina.

Manina viene con onda
a divertir el momento,
el borrachín se desarma
cayéndose a ritmo lento,
el borrachín se desarma
cayéndose a ritmo lento.

Los aplausos lo reciben
en coro de carcajadas,
él lo sabe y exagera
pa entretener a la indiada,
él lo sabe y exagera
pa entretener a la indiada.

Un verano traicionero
pa quien chupaba consuelo
cortó el hilo al marioneta,
remedo del suelo al vuelo,
cortó el hilo al marioneta,
remedo del suelo al vuelo.

Boca y Ríver por Muñoz
a la sombra de la esquina,
por la ruta y a los tumbos
viene volviendo Manina.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Viernecitos de octubre


Viernecitos de octubre
el cielo te anda buscando
para quemar arco iris
de mesa en mesa danzando.

Y se duermen las torcazas
en tranqueras que chirrían,
revuelo de tacuaritas
señalando el nuevo día.

Cantando las mañanitas,
mañana se hace cantando.
Si te preguntan por mí,
ando en bagualas llorando.

Viernecitos de octubre
de peña y vino sueñero,
dos guitarras destempladas,
dele azotar un legüero

No sé si llego a mi rancho
si andaré y cómo, llegando
la copla se hace sendero
cuando amanece clareando.

Cantando las mañanitas,
mañana se hace cantando
Si te preguntan por mí,
ando en bagualas llorando.



Vuelvo con esta sencilla coplita para cantar con caja en el norte argentino. O para imaginar mientras se canta en el sur santafesino. O para cantar mientras se espera...

sábado, 27 de septiembre de 2014

Ni siquieras

En el rotundo ejercicio de los días
que inopinados desgranan almanaques,
eternas mañanas con trajín de otros
y frascos de horas que se cierran
vela y toca la hendidura de sus líneas,
grafías sobre tablilla de semblante.
Y el amor que ni siquiera estaba ausente.

El futuro ha pasado desalmado
como el agua que se escapa de las manos
y riega en sus labios un poco de humedad
que ya intuye mudanza a otros parajes.
Ha pasado, indolente, como el tiempo de
beberse sin respiro toda cordura
cuando el miedo ni siquiera estaba ausente.

Por cierto se requiere un tris de eternidad
para dignar escasa cuenta de aventuras,
ser mármol, témpano de cristal, peñasco,
y un puñado de ese olvido necesario.
O lucidez repentina como un rayo,
fulgor en la testuz, vientre ensombrecido
compulsión que ni siquiera estaba ausente.

Se requería tanta, tanta eternidad
si aquel amor ni siquiera estaba ausente.