- Alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.
- ¿Dónde está el avión?, dijo Tomás, que recibió un codazo de Simón.- ¡Animal! ¿Cuándo viste un avión?, atacó Simón.
- Ufff, creo que empecé a tener el don de profecía... insistió Tomás.
- ¿Ah, sí? Profetizá quién te va a dar un coscorrón... replicó Simón.
¡Tuc!
- ¡Ouch..!
Los maestros de la ley no se bancaban los desaires de Jesús, que los dejaba pintados en todas las discusiones. Uno de ellos quiso ponerlo a prueba una vez más:- Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?
Por lo bajo, Pedro murmuró: -Déjemelo, jefe, que lo mando enseguida para allá...Jesús suspiró y le dijo al maestro de la ley: Vos conocés la Escritura, ¿qué leíste allí?
El maestro de la ley tomó pose de alumno en el frente y recitó: "Amarás al Señor, tu dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y amarás a tu prójimo como a ti mismo".
- Excelente respuesta, andá y hacé eso, dijo Jesús.
- Póngale un diez, jefe, no sea amarrete, clamó Judas.
- Bah, estudió de memoria, si lo parás en el medio del recitado se pierde, protestó Santiago.
El otro, como para justificar su pregunta, replicó: - ¿Y quién es mi prójimo?
- Ah, bueno, ¿y este nabo es maestro de la ley?, susurró Felipe.
- Si este es maestro de la ley, yo soy ministro de educación, sugirió el tosco de Pedro.
Sin hacer caso de las murmuraciones, Jesús empezó a decir: Un tipo bajaba por el camino de Jericó a Jerusalén y cayó en manos de unos choros que le afanaron todo, lo golpearon y lo dejaron más muerto que vivo.
-Ya no se puede vivir con esta inseguridad, acotó Judas.
- Casualmente -retomó Jesús- pasaba por allí un sacerdote, lo vio, se hizo el boludo y cruzó a otro camino. Lo mismo hizo un levita -esos encargados del servicio religioso que se ven en el templo- al llegar a ese lugar. Finalmente pasó por alí un samaritano...
- Otro garca bueno para nada, los judios ni nos hablamos con esos, murmuró Tadeo por lo bajo.
-...que se compadeció de él, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó. Lo montó como pudo sobre su mulo, lo llevó a una posada y lo cuidó por la noche. Al otro día sacó dos monedas de plata y se las dio al posadero diciéndole: "Debo irme, cuidalo. Y si gastás más, yo te lo pago a la vuelta."
- Emmm, cof, cof, tosió Tadeo.Jesús retomó la palabra y le dijo al maestro de la ley: -¿Qué te parece? ¿Cuál de los tres fue el prójimo del tipo al que asaltaron?
El maestro de la ley contestó: - Obvio, el que fue compasivo con él.
Y Jesús le dijo: -Andá y hacé lo mismo.
El maestro de la ley se retiró pensando. Los discípulos discutían entre ellos.
- Ah, dale, con lo amistosos que son los samaritanos con nosotros, afirmó socarrón Natanael.
- Pero son gente, dijo Juan.
- Gente de mierda serán, retrucó Natanael.
- No entendí nada..., acotó Pedro.
- Que me tenés que dar dos monedas de plata, eso dijo el jefe. Probó Mateo.
Y siguieron debatiendo, porque el tema era complicado.- Pero son gente, dijo Juan.
- Gente de mierda serán, retrucó Natanael.
- No entendí nada..., acotó Pedro.
- Que me tenés que dar dos monedas de plata, eso dijo el jefe. Probó Mateo.
- Si te cagás te van a seguir las moscas.
Y el tema es complicado porque el otro siempre tiene la culpa de nuestros males, de nuestras frustraciones. Los árbitros nos cobran en contra, los bolivianos y peruanos nos quitan el trabajo, las putas son un asco, a los putos hay que matarlos, a los choros cortarles las manos. No se puede salir a la calle porque te matan. El vecino siempre te quiere cagar. El compañero te quiere copiar. A las mujeres no hay que darles demasiada calle. El alumno es un potencial delincuente. No son como nosotros. Y lo peor es que no van a ser...
Viejo como el mundo, el desprecio por el otro habla del desprecio por lo humano. Actual como la exacerbación de la xenofobia que imponen los medios, la cuestión es que no reaccionamos ante las cachetadas de la realidad. A muchos de nosotros nos vendría bien, el día de la desgracia, que nos dé una mano ese otro que despreciamos.
A ver si aprendemos...












