domingo, 30 de marzo de 2014

Radicalidad en el amor a los animales

La polémica que ha despertado el último artículo del Licenciado Emilio Notuyo no deja de producir efectos sorpresivos en este cronista. Según su propietaria Irene Secarro, el semanario La Corneta ha recibido ingente correspondencia alrededor de los ecos de la nota. Si bien esto ha sido desmentido una y otra vez por los carteros de la ciudad, ciertamente ha contribuido a alimentar el aura de aguda réplica a las mayorías, considerando que agudeza no es un distintivo que nuestro ya conocido licenciado lleve como cucarda a vista de todos.
Sin más dimequetedirés, vayamos al polémico artículo.
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DOXA. Columna de opinión del Licenciado Emilio Notuyo
RADICALIDAD EN EL AMOR A LOS ANIMALES
Por doquier encuentro gente que ama a los animales. Por empezar, es difícil encontrar a alguien que diga abiertamente que no los ama, por corrección, por quedar bien con la dama que alarga el sí, por múltiples razones... Y esto, por supuesto, no está mal; por el contrario, siempre se verifica como deseable. Sin embargo, existen algunos bolsones de radicalidad en esto, los que mueven a la reflexión. Son aquellos casos en los que se asegura algo así como "más conozco a la gente, más quiero a mi perro".
El hecho de que el tío Carlos tenga algún canario o jilguero en jaula espantará terriblemente a quienes poseen un perro o un gato al que aman, pero al que privan de su libertad de una manera peor que al pajarito de marras. Lo poseen, lo mantienen bajo su arbitrio y capricho, no le otorgan el supremo bien mencionado, pero en lugar de una dominación explícita, lo hacen bajo un paternalismo que espanta. Y todos sabemos que el paternalismo es peor que la rígida dominación declarada. Peor porque, además de sojuzgar físicamente, propugna todo el tiempo la conformidad del sojuzgado.
Amantes declarados de los animales -a quienes consideran pares de los humanos- evitarán a toda costa que su amado dogo intente deglutir a un niño y se solazarán cuando el mismo can se manduque al gato de la vieja de al lado que venía a cagar a su tan cuidado jardín.
Hay algo extraño en todo esto. Por un lado posicionarse ante los demás como alguien sensible. Sensible con un animalito que no puede traicionarnos, porque -como señalara Dolina alguna vez- no está entre sus capacidades decidirlo: "En Flores, y en todos los barrios, se contaban leyendas sobre las traiciones de los amigos y sobre las ventajas de la soledad. Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son más leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión.
Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas."
Ya vendrán los correos de lectores a poner ejemplos de lealtad animal, pero más de deslealtades humanas. Acá los espero, respaldado por los insolventes de mis amigos que no me devolvieron plata prestada ni se ofrecieron para alguna garantía, ni comparecieron cuando necesité una mano a la vez que el Bucky me daba su cariño incondicional saludando mi llegada con saltos de un metro. Son impresentables, por suerte cometen tantos errores como yo y pueden decidir comprenderme y quererme a pesar de mí. Como yo a veces decido esto mismo con ellos. Y decidir "a pesar de..." me hace humano.
Concluyo consignando que esto no es una diatriba contra los animales. Aprendemos mucho de ellos. Pero sí contra cierta radicalidad de quien pone en alza este valor como supremo solamente para manifestar que hay gente que lo ha decepcionado a lo largo de su vida. Sepan que mi tía Irene me regaló un reloj de oro décadas atrás. Jamás me ha traicionado, incluso cuando lo pisé desparramando engranajes y agujas, mientras que el desagradecido del Bucky me garroneó los talones cuando le pisé la cola.
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Leer a Notuyo más que polémico termina siendo insoportable con su discurso de meandros silábicos que no conducen a ninguna desembocadura. Es vox populi que su tía Irene Secarro le encarga con el mismo entusiasmo esta columna que el pronóstico del tiempo en la ciudad. Esto lo hace, se dice, subiendo a la terraza a otear el horizonte y consultando la aplicación de clima en su celular. Evidentemente otra vez ha pisado caca del Bucky en las escaleras.

12 comentarios:

  1. Noto que el licenciado Notuyo estuvo leyendo a Dolina. Y que tal vez haya imitado su estilo. Hay gente que quiere a sus perros, de forma nada paternalista. Tanto que les da libertad para irse con quien los alimente. Para luego remplazarlos por otros, a quienes alentará con desapego, para que adopten una actitud libertaria de buscar otros horizontes...y comida.
    ¿Sera contagioso el notuyismo?

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    1. El amigo Notuyo anda afanando a quienes admira, según parece.
      En cuanto al estilo libertario, intuyo, no es para cualquiera. Hoy día la posesión parece ser sun valor supremo, pero bienvenido sean!
      Esperemos no sea contagioso, al menos para los que no tenemos una tía acaudalada.
      Abrazo

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  2. En cuanto a los perros no sé qué decir, no sé si estarían mejor en la calle; bueno, los salvajes sí, esos que vivan como quieran mientras no sean antopófagos!!!

    El resto de aninales mejor en su hábitat natural. ¿Y esos que los llevan a la pelu, les alquinan habitación contigua en los hoteles, les pagan vacaciones de lujo caninas o gatunas en un crucero, les ponen collar de diamantes y les dejan la herencia??? Como una cabra, amigo. Tampoco estoy en contra de los animales, yo tengo un pez barrigón pero te aseguro que mis millones no se los dejará a él, jajaja!

    Un abrazo y tu cafelito, Sr. Oso.

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    1. Jamás les dejes billetes a los peces. Las monedas aguantan más bajo el agua! Jajjajaj!!
      Si les pago vacaciones al perro y al gato no puedo ir yo...
      Besos

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  3. En todo caso, a veces todos somos un poco animales :)
    Los gatos tienen mala fama pero yo los adoro, en realidad me gustan mucho los animales en general....pero concuerdo contigo ojalá tengamos muchos mejores amigos y de nuestra misma especie.
    Un abrazo
    mar

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    1. No se confíe mucho en las crónicas del Lic. Notuyo, amiga, pueden ser falaces, incluso molestas.
      Rebienvenida por aquí!
      Besos

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  4. Don Oso, que hable de la fidelidad de la tortuga, animal bueno si los hay. La comparación con el reloj es odiosa, si hubiese sido de arena era otro cantar.
    Le mando un abrazo. A ud, no al Lic.

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    1. Depende también si er en patas o con botas!!
      Abrazo!!

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  5. Que decirle Licenciado , el tema con los animales funciona al menos para mí como con mis congéneres , cuestión de piel (o pelo ¿?). O nos "caemos bien" o simplemente nos caemos, se entiende?
    No obstante le cuento, nos tenemos especial aprecio mis perros (dos) y yo.

    Disculpe mi estimado Oso hoy me dirigí a Notuyo porque me parecía que era bueno agregar un alguito más a la polémica desatada en virtud de su artículo.

    Un abrazote pa' ud. y que tenga muy buen finde (a pesar de la lluvia)
    REM

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    1. Bueno, yo tengo un perro y un gato que no se llevan como tales. El Lic. parece que tiene al menos un Bucky, que se supone debería ser un rope... Y uno se relaciona con ellos más como puede que como quiere, bah, al menos en mi caso.
      Besos y buena semana

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  6. A pesar de que también tengo una tía que me ha regalado un reloj muy bonito y nunca me ha traicionado :) , soy del grupo de los que profesan debilidad inexplicable por cierto tipo de animales (¨radicalidad en el amor¨, si quisiéramos usar los términos utilizados por el Licenciado...)


    Le mando un beso.





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    1. Pero mire que hay bichos y bichos...
      Besos

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