ETERNO RETORNO

Siempre algún lector queda. Como quedan mis ganas de publicar, latentes hasta que logro hacerlo.
Agradezco tanto que vuelvan, como agradezco a la vida enormemente las razones que me impiden publicar más seguido.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Lo mágico

Uno, que ha nacido cuando otro definía la desaparición de la magia al menos desde su propia desdicha, ha crecido aprendiendo que hay magia en acontecimientos que obedecen a un orden más profundo y menos inteligible que las leyes naturales o que los devaneos de la estricta lógica.
Yo creo que más de uno se pregunta si es posible algún tipo de magia o si la sobrenaturalidad a la que apela difiere o no de lo que algunos califican como mágico por considerar que está en un rango inferior de lo que habitualmente se denomina religión. Y como creo que más de uno se pregunta estas cosas, me llama la atención que más de uno no se pregunte ciertas otras cosas -en las que coincido, en lo grueso, con el Licenciado Notuyo- que tienen que ver con cierta aparatología supuestamente mágica de estos tiempos.

Uno, que ha caminado, que dibuja algunas pálidas huellas que no estaban, que ha criado hijos muy diferentes de lo que fue, a veces se descubre dialogando con algunos recuerdos. Tal vez como atávico giro de perro antes de echarse aplastando yuyos inexistentes ni se detiene en ello, pero está construido por esos ladrillos que solidificaron en una pasta concreta de lo que fue y deja el techo abierto, por las dudas, quizás, a lo mágico.
Así como hay olores que nos remiten a la cocina de una abuela que nos abrazaba en cariño de buñuelos o tortas fritas; así, contundentes como campanadas que apuñalan, hay melodías que parecen insistir en contarnos al oído secretos que hemos procurado evitar conocer, también por las dudas.
Despertarme allá cuando iba a los primeros grados de la escuela en turno tarde y escuchar las cortinas musicales de algún programa de radio rosarina con melodías que tuvieron mucho después extraños nombres como Eleanor Rigby o Penny Lane era uno de esos ritos que empecé a añorar enseguida cuando pasé a cuarto. Eso era mágico para mí. Solamente para mí.

Pero buscaba discurrir acerca de la magia de verdad, objetiva, si es que existe o es posible discurrir acerca de ello. Había una melodía de viejos, pasodoble creo, que aparecía en todas las reuniones de la familia paterna. Los chicos nos reíamos muchísimo porque esperábamos el delicioso momento en que los grandes salían a bailarlo y lo tarareábamos a viva voz: tundararata tunda tunda tundararata tunda tunda tundararata... Desesperábamos porque alguien pusiera el disquito en el plato y el endemoniado mecanismo del fierrito central lo hiciera caer para que el brazo que sostenía la púa acaricie el plástico y arranquen los primeros compases. Quizás porque era inexorable, quizás porque comprendíamos que ese ritual era venerado por los mayores, que instantáneamente saltaban a la improvisada pista de baile, por más etilizados que se encontrasen. Era mágico. En el cabal sentido de la palabra. No mágico en la ilusión de los chicos repintada hoy en recuerdo más o menos interesante. Era verdadera e irremediablemente mágico. Tías que apenas caminaban se deshacían en giros y piruetas con una elegancia difícil de comprender por cualquier figurín de la careteada televisiva. Vecinos que asombrosamente perdían su eterna cifosis para pararse esbeltos como en un pase de esgrima se lucían como guapos del novecientos. Se llamaba Bella morena y era verdaderamente mágico. La transformación de conductas, posturas y rostros de los mayores era notable. Instantánea.
Uno que ha andado, no ha visto en otros ritos este fenómeno. Y sospecha que ya no lo verá. No voy a apelar a testigos, que los hubo. Eso era lo mágico.

Uno, que ve cómo hoy la magia se enseña dibujando simpáticos redondeles o comprando otros chirimbolos en las ferias, los cuales tienen pretendida explicación científica, no puede menos que seguir preguntándose algunos porqués. Lo mágico nos compensa algunas frustraciones, aunque cree otras. Porque el universo no parece conspirar según el consabido dicho a nuestro favor. Para versos tengo mejores. Y para evidencia a mis viejos y a otros más viejos saltando de la silla -felices- para bailar Bella morena.


13 comentarios:

  1. Me sacó una lágrima, pero también una sonrisa, y a ésto hermano, hoy que estoy a casi a un año de los 60, que no están más ni Rubén, ni Chacha, para acariciarme el pelo en ésos y estos momentos, en que a uno se le nubla la vista de pura melancolía, se te agradece. Gracias, Néstor por darme/nos estos brotes de sentimientos que están ahí, no sé porque, en el borde de la dermis, listos para que algo, ésto que escribiste, los termine de sacar. Me acercaste nuevamente a mi infancia, no sé si era un paso-doble, no recuerdo la música, pero sí el baile. Un abrazo, oso.

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    1. Cosas que se nos vienen como oleadas, Rubén.
      Abrazo!!

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  2. Hay algo mágico en estas palabras, combinadas con la música. Porque uno, que no lo ha visto, lo está viendo en estos momentos. La magia existe.

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    1. Así es, Neto.
      FELIZ CUMPLE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  3. Siempre acierto cuando me preparo el café para leerte con calma. Supongo que mi condición de nulidad hipócrita me da pie a decrite que he leído con gusto y me ha dejado pensativa la idea de esa magia. Quizá te creas que necesitaba de este texto, sin saberlo, para recordar el rostro de mis padres en algunos mágicos momentos.

    Gracias. Tu beso y tu café.

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  4. Es que a tantas cosas se le otorga el carácter de mágico que termina siendo trivial.
    Abrazo y cafelito, amiga!

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  5. Tal vez haya algo de mágico en la inspiración, sea en la música o en la escritura. Y no convence que es solo el subconciente, las experiencias propias. Seguro que las musas tienen algo que ver. La música puede levantarme el estado de animo. Me ha pasado con No lo soporto, segunda mención del día.
    Y las leyes cientificas son tan intricadas, que podrian ser calificadas como sobrenaturales.
    No me convence la magia metaforica, de vivir lo cotidiano como magico. Tal vez lo que menciona antes, tal vez eso sí me convence.

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    1. Entiendo. Por las dudas comento que no es una diatriba contra la existencia de lo mágico sino contra su asibilidad. Me molestan sobremanera el uso de artilugios que pretenden domesticar lo mágico a nuestro favor. Por eso me decanté en una evidencia que no envidia a los contextos de justificación.
      Abrazo

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  6. La canción me recordó a mi viejo. Eso es mágico.
    La evocación- cualquiera- es mágica.
    Lo inexplicable lo es.
    La poesía lo es.


    Un beso.

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    1. Gracias, Silvina. Así es. Y necesitamos esa magia.
      Besos

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  7. Lo mágico tbn está en poder ver lo que nunca hemos vivido escuchando la voz de nuestros mayores. Los abuelos suelen contar historias maravillosas que los niños recuerdan como instantes mágicos de esos que no se olvidan. Hermoso, no?

    Abrazos mi querido amigo y ..... cómo no bailar con esa música?

    REM

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    1. Por eso tal vez construimos algunas explicaciones mágicas de las cosas. Y no por ello, falsas.
      A bailar!
      Abrazos!

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