domingo, 13 de junio de 2010

De fantasmas, pozos y recuerdos

Ya casi nadie se acuerda, doña, de las historias de aparecidos que nos aterrorizaban cuando chicos. Los chirimbolos digitales pulverizaron al chancho con cadenas, a la llorona, al cuco… El otro día le dije a mi nietita que la iba a agarrar el hombre de la bolsa si se portaba mal y la mocosa me respondió que si la metía en la bolsa le afanaba un euro de los que perdieron los griegos. Ya no hay respeto a nada, qué lo tiró de las patas.

Así no hay quien imponga autoridad, ¿vio? Estos pibes ya no se creen nada. Bueno, casi nada, porque cosas misteriosas hay, bah qué se yo… El del tenedor mete la cola en todos lados, lástima que uno no lo ve.
A propósito, usted sabe que me han contado que allá por La Blanqueada, yendo para Theobald, hay una tapera rara con fantasmas o algo así. Sí, ya sé, me va a decir que en todas las taperas hay fantasmas, que es lo mismo que decir que en ninguna hay. Pero bueno, esto lo han contado los pibes, el Julito, la Ayelén, los nietos de mi hermano también…

Dicen que se han metido a jugar en la tapera; de acá, del Fonavi, no queda lejos, no sé si me entiende. Han ido por el camino y se han metido por una tranquera abierta. No tenía idea yo de que había una tranquera rota por ahí. Porque yo siempre les digo a mis nietos que guay de meterse a un terreno ajeno saltando alambrados. Y estos hicieron caso, se metieron por la tranquera. Vaya a imaginar uno que tenía el candado abierto.

Y eso que uno les dice -pero son cabezaduras, che- que nunca se metan en una tapera, que siempre hay pozos abandonados y se pueden caer. Y después quién los saca.
Y se metieron, doña, se metieron…

Al principio era igual que todas, yuyales, cosas rotas, algún resto de arado, paredes un poco derrumbadas… Pero se fruncieron cuando escucharon voces. Ni se imaginaban de dónde venían. Primero creían que la Agustina les hacía una broma. Pero se dieron cuenta que era una voz de mujer grande, como de locutora de efe eme, che. ¡Qué pedazo de julepe se pegaron! Y era como profunda la voz. Se quedaron tiesitos. Pero enseguida la Ayelén se entró a arrimar, porque es la más grande. Y se arrimaba.

No va a creer usted, no era como un lamento de alma en pena. Era como un informativo, cosa de locos. El Julito creía que era una radio que se cayó no sé cómo dentro del pozo, vea. Pero no. Se acercaron despacito los cinco hasta el brocalito, porque tenía brocal el pozo. Y la voz seguía hablando. Hicieron silencio y se acomodaron como para escuchar. Igual la María Luz temblaba de pies a cabeza y los otros ni le cuento.

Era una voz de mujer y decía cosas que ya habían pasado, mire. Como cosas del pasado de Villa informaba. Que abrieron la fabrica, que inauguraron la estación de tren, que se mataron queseyocuántos en moto en las Dos Rutas, que Talleres llenó el Tren de la Victoria pero no salió campeón, que ponían una estación de servicio, que loteaban lo de Ezeiza para hacer casas y un montón de cosas más que los pibes no se acordaban o se les mezclaban. Pero mire cómo son las cosas. Todas cosas que los pibes no sabían, ¡no pudieron inventarlo! Además, cosas viejas, algunas que ni yo conocía. ¿O usted escuchó hablar del maestro Lafferriere? Porque yo no. ¿Del cura Solano Rubios? Si parece que leyeron un libro de los de Lischetti los mocosos…

Lo peor de todos es que al final les gustó, vinieron lo más campantes. Todas las tardes a la hora de la siesta se van a escuchar la radio del pozo. Las madres no quieren que vayan, les da miedo, pero yo les dije que los dejen, que les hace bien saber un poco de lo que ha pasado acá. Al fin y al cabo, uno ha vivido en la ignorancia y ha tenido más miedo de saber que de no saber.

¿Yo? ¡Ni loco ni atado piso esa tapera! Ellos lo cuentan como si nada, pero a mí se me pone la piel de gallina; si hasta me da miedo mirar para ese lado. Pero los chicos… qué se van a asustar si es como una internet rara, distinta, y eso que sin pantalla, mire.
Igual –le digo una cosa- no es muy confiable esa radio, bah, ese fantasma de radio. Para mí que se manda algunas macanas para dárselas de que sabe todo. El otro día vinieron con que el Sacachispas jugaba con una camiseta verde en la cancha de Bolívar y el Chapuy y le juro, doña, que yo no me acuerdo para nada. Me parece que es un fantasma desinformado ese, o mentiroso, se habrá merecido que lo tiren al pozo de esa tapera.

Hasta eso ha cambiado. Antes, si un aparecido se asomaba y le decía a uno que se iba a morir, ahí nomás quedaba seco, che. Ahora, ni eso. Los pibes ni se asustan. Y claro, qué se van a asustar si los fantasmas son más ignorantes que uno. ¡Venir a decir que el Sacachispas jugaba de verde sobre el Chapuy! Vergüenza debería darle. Vergüenza. Y que no lo saquen nunca más de ahí, doña, a ver si todavía se pone a decir verdades…

[Ya que no tenía nada para poner en el blog mandé el texto que presenté al XI Encuentro de Escritores del Departamento Constitución. En una de esas tengo suerte -o hay pocos trabajos- y me lo publican]

8 comentarios:

  1. Pues rematadamente tontos han de ser si no publican un texto como este, señor OSO.¡¡¡ Es fantástico!!!. Hasta yo he tenido ganas de acompañar a los pibes a la tapera: soy adicta a Internet "con pantalla"; pero no le oculto que en la misma medida soy forofa de la radio, mucho más que de la tele ¿vió?
    Además me arrancó una sonrisa saber que al final el fantasma de la tapera está ahí por mentiroso hasta que diga la verdad...al final siempre hay justicia, hasta para los espectros, jaja.
    Que conste que Doña Tinta le ha echado mucho de menos...
    ¡¡¡Abrazos!!!!

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  2. Oso, si no se les ocurre publicar este pedazo de relato se va a tener que armar una muy grande!!!! más de uno quisiera haber escrito esto, describir con tanta certeza, humor e inocencia ,por momentos, estos trazos de historias de la ciudad!
    Más de uno tendría q terminar perdido en esas taperas si no saben reconocer el valor del texto!!!
    un abrazo enorme, es genial volver a leerte!
    Salute!

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  3. Oso, pensé que estaba atrapado en el cerro, que suerte verlo por aqui nuevamente!
    Lo q nos faltaba, fantasmas mentirosos...no, si las tenemos todas acá!
    Un abrazo, muy buen relato!

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  4. interesante y localista, me gusta saber más de tu ciudad :)

    y con tu particular sentido del humor, irónico e inteligente, como quien golepa a propósito y luego pide disculpas por hacerlo sin querer...

    fuerza oso, que seguro lo publican!

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  5. Doña Tinta:
    Cosas raras pasan e todos lados, ¿no?
    Le estoy muy agradecido por sus palabras. Ya volveré, no se haga ilusiones.

    Dieguito: El viejo truco de sumar patoteros para presionar... Modesta vuelta, per no quería ausentarme tanto, ¿vio? A ver si se entusiasman todavía...

    Rumi:
    Casi, casi, me quedo en el cerro, disfrutando del placentero rascarse. Pero bueno, hay que volver a la excitante (¿?) realidad laboral...

    Galán:
    Ud me tiene junado, pa qué lo voy a engañar... Esperemos que salga.

    Agradecido de su no correspondida presencia, amigos, os dejo abrazos enormes.

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  6. Que buen texto osoo!!! Geniaall!! Siempre me llamaron la atencion las taperas, esp4ecialmente porque me intriga saber que cosas se han hecho ahi adentro y porque generalmente estan destrozadas... porque?? Porque no siguen???
    Me asustan!!! :s

    Saludos osoo!!!
    genial post!!!

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  7. Don Oso, regresó! Ya no sabía si había ido al Champaquí o al Uritorco!!! Buenísimo el texto, de cabeza a la antología. Y se lo entregan el día de su cumpleaños y todo. Con moño inclusive.
    Un abrazo!

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  8. El humor y la ironía son dos recursos maravillosos que llegan al lector con doble impacto, y mucha más eficacia que un montón de datos y anécdotas contadas con formalidad.
    Hay docencia en cada línea de este post.
    Se merece la publicación, y asimismo, deberías analizar la posibilidad de una antología propia, con todas las entradas del blog que tienen esta etiqueta.
    Sabés, y además, nos hemos esmerado en hacértelo notar, que tenés un don especial para los relatos que tienen que ver con tu ciudad.

    Besos muchos.


    SIL

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