ETERNO RETORNO

Siempre algún lector queda. Como quedan mis ganas de publicar, latentes hasta que logro hacerlo.
Agradezco tanto que vuelvan, como agradezco a la vida enormemente las razones que me impiden publicar más seguido.

jueves, 11 de abril de 2013

Ganar y ganas

 Los riesgos de matear a la nochecita con Adonis Torre, el filósofo de calle Pampa, consistían en una corta enumeración de lo posible: uno se queda hasta la madrugada hablando con él (sobre todo hablando él), uno sale del rancho de Adonis y es atajado por Jovino con ganas de contar cómo hará para obtener la fortuna que le espera en el sur brasileño, uno sale y es atajado por Numerito, ese que te dice bsss, bsss, Jorge (o cualquier otro nombre que no sea el de uno) comprame bsss una rifita de un chancho asado, bsss, tengo pocos numeritos, bssss, dale que no tengo pa comer o uno se deja ensartar por el puñal frío y vertical de la cruz del sur si es invierno y se va a la casa pensando en a quién carajo se le ocurrió que valía la pena un mundo así.
Si uno decide -o le toca en suerte- la primera, podrá oír -entre cabezazos de duermevela- palabras como estas o peores:
  
Ganar, lo que se dice ganar, no me importaba. Ni me importaba demasiado perder. Sí, sentir esa emoción potente de poner en juego todas las ganas. Y, qué curioso, ahora que lo pienso ganar y ganas se escriben casi igual. Bueno, se acentúan diferente también y eso las diferencia un poco más.
Ganar... ganas... Demasiado cerca para que no me resuenen en esta madrugada en que el mate se cansó de acompañarnos.
Ganar nunca fue para mí. Eso era para otros, como si en la lista de los que iban a ganar las cosas interesantes, los primeros lugares ya estuviesen asignados. Y eso que salí primero, ni sé cómo decirlo, en muchas cosas. Pero salir primero pocas veces equivale a ganar. Recuerdo como si fuera ahora las veces en que obtuve algún primer puesto o que gané en algún partido de fútbol chivo. Hasta me corría la vergüenza de usurpar el lugar que era de otro. Porque los que ganaban eran otros y no todos los otros. Esos otros, los que siempre ganaban. Los lindos, los simpáticos, los que no necesitaban un marcador más alto para ser, otra vez, ganadores.
Pero lo peor llega cuando uno sospecha que la taba no dio culo. Y se le mojan los labios con miel. Cuando uno engancha la mina más linda, por ejemplo. Y no me vengan con esa salida fácil del refrán de la yunta de bueyes. Uno siente que de una vez por todas todo tiene sentido y que por más taimado que sea el destino, uno está orejeando el as de espadas.
Y aunque no me crean, no me importaba ganar. Pero véame, acá estoy, sin vitrina porque el trofeo era de arena.

Y ganas le puse. Qué no le voy a poner, ¿no se da cuenta que si no le pone ganas es mejor tirarse al río? Todo lo que queda es poner ganas. Hasta Numerito le pone ganas para vender esa rifa que anota en la libretita y que nadie gana nunca. Pero qué me importa, si estoy acostumbrado a no ganar. Él sabe que le saca una chirola a usted, una a la vieja de la esquina y una al del taller y con eso va tirando. Sabe que miente en su promesa de la rifa, no hay premio. Pero, ¿dónde ha visto usted que haya premio? Por eso le pongo ganas a esto -señalando el rancho humilde, pero barrido-, a la Silvana, que no tiene donde ir, yo la cuido y ella me calienta la cama, a las changas que agarro... Juro que le pongo ganas, aun cuando ya sé que la taba que me toca es de dos culos.

Entonces, uno podrá irse del rancho de Torre con la firme intención de contar cuántos culos tiene la taba que le toca tirar. Y de evaluar si se decide a ponerle ganas aunque sepa que no va a ganar.



13 comentarios:

  1. Interesante, competir es importante, la mayoría no gana. Pero ganar es importante, si se gana con meritos.

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    1. Está bueno ganar. Lástima que por cada uno que gana, hay muchos que pierden.
      Abrazo

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  2. Admiro estos relatos en los que consigues que el corazón sienta tanta ternura por las personas y su forma de expresarse... parece como si te lo estuvieran contando en voz baja, en tono de confidencia...
    imagino que en el fondo son reales...así que se puede hablar de "realismo villense"
    Abrazos!

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    1. En el fondo son reales, algunos más que otros, pero lo son.
      Besos

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  3. La vida misma es de arena.
    No importa de qué sea el trofeo.
    Ponerle ganas, ya es ganar. Ganarle al desánimo, ganarle a la sombra, ganarle a la mala suerte.


    Un beso.



    SIL

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    1. Si ud lo dice, debe ser. Ya le creo (casi) todo!
      Besos

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  4. Al fin y al cabo lo que cuenta es el camino más que la meta, como que suena a final, prefiero mantener y vivir esa ilusión sea cual sea, aunque no estaría nada mal a cada trocito caminado una recompensa ;-)

    Atrapada con tus letras, en esta madrugada en calma tras días de batallas...

    Un Bsazo! Muackss!!

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  5. A quién no le gusta ganar? Pero la vida no es así, está plena de altibajos y eso no es tan malo después de todo, sino como apreciaríamos la diferencia?

    Se acuerda de "... de vez en cuando la vida nos besa en la boca ...."
    Hermoso , verdad?

    Abrazos y que tenga muy buen finde.
    REM

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  6. El relato suena "real"....noche fría y húmeda de invierno, el zanjón de calle pampa, agua podrida y yuyos, la callecita en curva, tantos ranchos como los de adonis, una humanidad "misteriosa" a mis ojos de pibe cuando iba para el centro....y esa melancolía en el relato, en los sentires, qué un villense en el "exilio" jajaj, puede notar......lo de ponerle gana o ganar, da para tarde entera de mates y dialogo entre amigos-
    Excelente Maestro!!!!
    Yusti.

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  7. ganar... suena hasta feo...

    que pasa que van 2 semanitas de este post? salu2...

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  8. Meterle ganas por más que uno sabe que el triunfo no es tal. El hombre habla de la vida y tiene toda la razón. Filósofo de la mejor universidad, la del día a día.
    Abrazo don Oso!

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  9. Te dejé un premio en mi blog, podés pasarlo por mi blog, si te interesa.

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  10. Hola Oso, quizás ganar está en el mismo juego, no la posibilidad. Aunque perder con éxito es más probable, jeje

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