ETERNO RETORNO

Estas historias son como lanitas sueltas que la nona va ovillando en un bollito y una vez que adquiere volumen, las va desovillando para hacer algo con todas como si fueran una sola cosa. Así son estas narraciones, dichos, frases sueltas, conjeturas patinadas por una memoria tenue que -a veces- toman forma en la mano de quien las intenta reunir.

domingo, 7 de octubre de 2012

Los patos

Eran dos hombres, mayores ya, que pasaban a diario por esa calle, que no es calle ni vereda ni pasaje ni cosa tal que pueda definirse así como así, que está frente a casa. Vestían siempre unos harapos raídos y seguramente harían changas de albañiles o limpiarían terrenos o alguna tarea de esas que no se condecían con el progreso obrero del barrio.
Tenían una particularidad bastante especial. Iban uno detrás del otro. Siempre el mismo adelante. El de atrás parecía como que le faltaba un golpe de horno y si no un tornillo, al menos había perdido una arandela. Pasaban como yendo de los barrios hacia el centro y solo a veces al revés. O quizás el solo a veces indica que solo los veía a veces. Las vecinas los conocían como los patos, por su forma de desplazarse, uno siguiendo al otro.
El de adelante tenía más pinta de patriarca. Barba encanecida y sin recortar, cabello ralo, hombros vencidos y mirada al frente, horizontal. De cuando en cuando llevaba gorra y casi siempre una campera liviana de color indefinido
El de atrás, que juzgábamos hijo bobo o hermano bobo de el de adelante, siempre llevaba una boina que alguna remota vez había sido negra. Creo que también un chaleco sobre una camisa a cuadros prendida hasta el cuello y seguramente no registraba bien el clima ya que iba igual de abrigado en verano que en invierno. O tal vez anduviera siempre con lo puesto, quién sabe.
No es difícil concluir que les resultaba imposible ir charlando siempre que no se llevaran tan mal que una conversación descompensara una vida que incluso para niños como nosotros era fácil de sospechar.
La distancia entre ellos variaba. Tres metros cuando menos, unos diez cuando más. Pero jamás a la par.
Sé que para hacer una crónica decente debería preguntar a quienes retuvieran memoria anterior a la mía desde cuándo los patos pasaban por la calle, que no es calle. Pero mis recuerdos me dicen que por lo menos quince o veinte años hollaron la cuadra siempre iguales. Cada vez más viejos, lentos y gastados, pero siempre iguales, perpetuos, silenciosos.
Rara vez, lo que constituía una génesis de sonrisas recortadas, el de atrás saludaba con un movimiento de cabeza y alguna frase ininteligible.
Como era de esperar, no les teníamos miedo. Pero sí un extraño respeto. Ninguno de los chicos del barrio los molestaba ni les ponía un soberano pelotazo, claro que de casualidad, como les sucedía a otros transeúntes indeseables.

Como puede inferirse sin esfuerzo, alguna vez los patos dejaron de pasar. Muchas veces abrigo una sospecha: cambiamos tanto el mundo que alguna gente ya no tiene lugar. No se me ocurriría nunca imaginar a los patos en estos días. Me cuesta elucubrar qué clase de respeto -ese concepto que suelo entender como fecundado y alimentado por quienes detentan alguna clase de poder o quienes desearían tenerlo para ordenar el mundo a su gusto- les correspondería hoy. Desde la denuncia por crotos consuetudinarios a la llana sospecha de que todo lo que falta en el barrio necesariamente ha sido sustraído por ellos, desde la  cerradura y la reja a las advertencias a las jovencitas acerca de su peligrosidad, desde un pasado que se adivina a un futuro de muerte solitaria que también se adivina. Desde su patética imagen, derrotados, tal vez malolientes, cansados. No, ya no hay lugar para los patos en este aquí y ahora. Inventen esos señores, el de atrás y el de adelante, otro mundo si quieren lugar. O disfrácense de otra clase de bichos. Y no vayan a quejarse de los pelotazos...

14 comentarios:

  1. Extraño mundo el que estamos creando que excluye a tantos...
    Por suerte los recuerdos vuelven a la vida a los condenados al olvido.
    Ché, que crónicas tan chulas Oso. Haces que se sienta Villa como un lugar lleno de vida!
    Abrazos!

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    1. ¡Gracias, dona Tinta!
      Como en cada lugar, hay personajes que hacen historia, chica o grande, qué importa.
      Besos

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  2. Tal vez solo se cambiaron de barrio.
    Es una buena descripcion de personajes, para decir luego que el mundo cambia y esos cambios producen que no haya lugar para alguna clase de personajes.

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    1. Ya eran muy viejitos cuando los perdí de vista.
      El cierre es una de sas reflexiones bobas de quien ha visto cosas.
      Abrazo

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  3. Cambiamos tanto el mundo, Néstor Darío,
    que alguna gente ya no tiene lugar...

    Es, a la vez, perfecta, real y terrible esa reflexión.


    Le mando un beso.



    SIL

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    1. Gracias, Sil, como siempre otras miradas son posibles..
      Besos

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  4. Los imaginé pasar por la "calle oblicua", parece uno "verlos" en esa lejana Villa de los setenta...los patos y otros personajes muy parecidos se me vienen a la memoria...

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    1. Así es, ilustre desconocido, cosas de pueblo chico o de chico de pueblo al que a lo mejor le llamaban la atención cosas triviales.
      Saludos

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  5. Mi estimado Oso, lo sorprendo si le digo que por mi "barrio" todavía quedan? No son los Patos, pero sí casi de la familia.
    Una pareja, abrazados (siempre) él la lleva del hombro, muy cerquita sus rostros, caminan rapidísimo, agachados como si buscaran algo perdido; son muy bajitos, desgarbados, flaquísimos; él porta barba sin afeitar -rala-; ella, pelo enmarañado como si el peine fuera un elemento de lujo que no puede permitirse(en realidad característica en ambos, además de canos).
    La edades? Imposible determinar.
    Un dato, hace poco me enteré que eran madre e hijo, algo que me sorprendió.
    En fin, a pesar de todo hay personajes que aún logran sobrevivir, quizás en algún otro lugar haya unos nuevos "Patos", no sería del todo raro, o sí?

    Un fuerte abrazo y lindo leerlo amigo mío.
    REM

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    1. Hola Rem.
      Créame que no me sorprende, porque los aquí y ahora siempre son diferentes. No habrá Patos tal vez, pero sí toda clases de bichos -incluyéndonos- para quien sepa ver u otorgue en ellos alguna rareza.
      Gracias y besos

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  6. Es un gran semblanza para esos seres indefinidos que creemos pintorescos cuando en realidad no son más que pares nuestros, con otras suertes y otros destinos.
    Gran texto Oso, abrazo!

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    1. Como ud lo dice, Neethoven, pares que se nos antojan dispares, lo que puede ser recíproco.
      Abrazo

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  7. Bendita añoranza!

    Besos Oso, se lució!

    =) HUMO

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