ETERNO RETORNO

Siempre algún lector queda. Como quedan mis ganas de publicar, latentes hasta que logro hacerlo.
Agradezco tanto que vuelvan, como agradezco a la vida enormemente las razones que me impiden publicar más seguido.

martes, 7 de diciembre de 2010

El cuatro

Se acercó a la raya y escupió fuera de la cancha.
Sangre.
El deté lo vio y le hizo un gesto de te cambio. Se hizo el desentendido pasándose la manga por la nariz. En un arranque repentino fue a trabar bien abajo con el once que se le iba. Puntual, preciso, el botín tocó apenas la pelota que se detuvo bajo un pie amigo, mientras el once se despatarraba simulando un foul que no existió bajo el papel picado de la grama arrancada con violencia.
La hinchada lo amaba y ovacionaba cada intervención suya, todas certeras. Había pasado casi todo el campeonato sin que pudiera rival alguno tirar un centro desde la izquierda. No iban a salir campeones ni mucho menos, pero el equipo esperanzaba al pueblo. Estar entre los primeros a dos años de entrar en la Regional era un orgullo y vaya si lo era.
Ganarle a los grandes de las ciudades también era un orgullo. Pelear de igual a igual con los que de vez en vez remaban duro en el Argentino del Interior alimentaba la vanidad de boliche a la tardecita, esos de truco y chinchón.
El cuatro escupía sangre en cada córner que pateaba, en cada lateral. Desde la otra banda, los del banco lo querían sacar para cuidarlo. Pero jamás lo harían sin su conformidad, más por temor a la hinchada que por reverencia al marcador de punta.
En la manga derecha del cuatro, se oscurecían las franjas longitudinales que enumeraban los tiros libres con tiempo para limpiarse.
Se va a morir, pensé. Y sellé el maleficio. El correr las agujas del muñocero reloj acrecentaba esa sensación funesta. Ya no quería mirarlo. Sentía pugnar en mí las convicciones razonables, humanas, religiosas, con las que me educaron contrariando a la necesidad, casi un deseo morboso, de que mi presagio se cumpliese. Estaba eufórico. Si se moría habría robado un cacho de poder divino para decidir sobre la vida y la muerte sin más armas que la curiosidad y el deseo. Si no pasaba nada, nada pasaba.
Hubo un cruce, bastante fuerte en el área. La rodilla del nueve golpeó el cuello del cuatro, me dijeron. Camilla, tipos corriendo, el cuatro afuera.
No supe cómo hacer para ocultar la eufórica carcajada. Tan henchido de furor me sentía que tuve que salir. Lo mató, dijeron, sólo para corroborar todo.
Cambio. La boca del túnel se tragó como una sepultura al cuatro y a sus ángeles del destino.
Entre insultantes cánticos las tribunas se saludaban. Me hice lugar tratando de ganar la salida. Fui yo, me resonaba entre los rugidos de la afición. Busqué el auto en el estacionamiento y esperé el final del partido. Seguro de la muerte del cuatro, lancé una plegaria por compromiso.
Cuando ya no quedaba nadie, ante el gesto imperativo del sereno, puse en marcha el auto y salí lentamente.
A dos cuadras, la luna salpicaba de cal el asfalto. Caminando al lado de la raya iba el cuatro, bolsito al hombro, rengueando cansinamente por el esfuerzo del partido. Entonces aceleré, pero más que el once...

15 comentarios:

  1. GENIAL!!!!!!!
    Muy bien relatado Don Oso!!!

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  2. Aquél que asegure que jamás lo abordaron esos malvados pensamientos ( o peores que éso), que tire la primera piedra- o el primer pelotazo.

    // Seguro de la muerte del cuatro, lancé una plegaria por compromiso.//

    (¿ quién te dice que esa plegaria no revirtió aquella muerte segura, y le salvó la vida? )

    Dios debe mirar fútbol, seguuuro. :)

    Besos

    SIL

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  3. A esto le llaman deporte jajaja, buen relato, (yo también soy un poco morbosa).
    Abrazos ensangrentados para ti.
    mar

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  4. Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

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  5. la ley del deporte es una sola!!!
    jaja
    genial oso!
    abrazotes!

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  6. jajajaja, hacía tiempo que no te visitaba...y me ha gustado mucho volver... ha estado genial!!

    Besote!!

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  7. Tremendo e inesperado final!! Me gustó mucho, bien redactado.

    Saludos
    Jeve.

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  8. Oso, ¡¡¡que buen relato!!!
    No me gusta el fútbol, ¡que se le va a hacer!, pero esto...es una historia bien contada. Consigues que se oigan los gritos en las gradas, se saboree cada pase o duelan los encontronazos del juego.
    Esta mañana cuando recordaron el día que era y salió Lennon en la tele pensé: el Oso lo habrá puesto en el blog, ja! ya veo que no me equivoqué.
    Abrazos!!!

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  9. Buen post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

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  10. ¡Yo amo el fútbol!
    Qué lindo tu relato, me gustó Osito bello.

    Lindo leerte con tiempo. :)

    Besito pa'ti!

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  11. Mezcla de espanto y emoción debe haber sentido ese espectador, aunque menos mal que lo vió al valeroso cuatro yéndose a su casa, porque si no se le iba a hacer adicción y cancha que fuera, hubiese deseado la muerte de alguno para demostrar su poder divino.
    Gran relato, enorme narración y un tremendo marcador de punta, como los de antes canejo.
    Abrazo!

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  12. muy bueno, marinozzi!

    me ecnatan tus relatos que combinan tarde, fútbol y pueblo

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  13. Fantástico, me mató el final.. - El cuatro..

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  14. Oso: un texto genial por donde lo mires.
    Me costó entender el final o entendí distinto a Neto.Yo creo que acelera y lo pasa por arriba, tal su odio.¿Es así?
    Si es así,jajaja,¡¡cúántos pensamos como él al ver
    no a un 4,sino a un 7 que se nos escapaba todo el tiempo por la raya! Después está el "ferplei"...jeje.

    Che, resalto por compleja y extraordinaria esta frase que te mandaste:
    "En la manga derecha del cuatro, se oscurecían las franjas longitudinales que enumeraban los tiros libres con tiempo para limpiarse"...
    Genial, me costó entenderla hasta que lo vi al 4 ahí, parado limpiándose la sangre con la manga y dejando en ella ese dibujo "en franjas longitudinales"...muy bueno...

    Sin palabras: ¡¡¡¡¡!!!!!!!

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