lunes, 5 de julio de 2010

Shagya Árabe

Estimado Rómulo:
Llego hasta su casa en forma de texto aprisionado en la misiva digital pues no es mi estilo dar la cara. Y no es cobardía, créame. Es ese pudor asentado en un corazón sensible como el mío, que no me permite ciertas expresiones de -digamos- humillación.
Menos tratándose de una vieja deuda. Bah, deuda... Usted sabe que las cosas malas, terribles, que hemos hecho, cuanto más tiempo tardan en redimirse más carcomen nuestra conciencia. En cuanto al término deuda, si usted sigue siendo el mismo que hace cuarenta años, no cabrá en su recuerdo. No porque sea poseedor de una moral aquilatada que lo conduzca por el sano camino de olvidar las satisfacciones que les son debidas sino más bien por el mísero hecho -sin intenciones de que le llegue de rebote- de que usted nunca se enteró de que este suscriptor le debe algo.
Aun así, mis condiciones éticas, las mismas que fueron trocando de tosca piedra en refulgente brillante me exigen una satisfacción. Reclaman cada vez con más rigor el cumplimiento de la devolución de lo que le es propio, aunque usted no recuerde ni tenga noticia.
A los hechos.

¿Recuerda un duelo de figuritas entre usted y mi hermano en el porche de casa una tibia mañana de sábado primaveral? Seguramente no. Yo sí y en esto le aventajo como en otros tantos ítems que no mencionaré aquí.
Usted, en ese entonces un chiquillo con una decena de años en su haber y unos cuantos más por vivir faroleaba con una pila de figuritas -Azabache, creo-. Mientras usted se entretenía en áspero duelo singular con mi hermano, yo le relojeaba las figuritas. Arriba de todo había una cualquiera, pero la segunda... la segunda era el Shagya Árabe, un hermoso caballo blanco. No la tenía. Y me enamoré perdidamente de la figurita del níveo equino ante un fondo boscoso. Por una vez en la vida fui rápido. Saqué de mi pilita la Muerte de Rauch -que tenía como cinco veces repetida- y con un movimiento digno del mago Fantasio retiré el caballito blanco sustituyéndolo por la ominosa Muerte de Rauch -que bien se lo tenía merecido por andar matando indios- de manera limpia, rápida e inadvertida.

He aquí que mis mencionadas virtudes morales -que puse en un vertiginoso crescendo desde aquel momento de arrebato infantil- me han impulsado hace cosa de un par de décadas a la búsqueda de aquella figurita que le debo aunque usted no haya registrado el latrocinio.

La búsqueda no ha sido infructuosa. Sitios de nostálgicos y recordadores de toda laya ofrecen hoy en internet lo que busque. Y la semana pasada trabé contacto con alguien que tenía la figurita. Precio, cincuenta pesos. Hice una rigurosa evaluación. Cincuenta pesos la figurita del Shagya Árabe... Un verdadero afano.
Teniendo en cuenta que sus -las suyas, no se haga el tonto- condiciones morales no valen el sacrificio, le mando aquí una fotito digital del caballito. Usted, Rómulo, la baja, se la imprime, la hace un rollito y se la mete ya sabe dónde. Inmoral de mierda, que reclama desde mi conciencia el pago de una deuda que ni conoce. Y dese por satisfecho.

Atentamente, yo.

10 comentarios:

  1. Cuantas nostalgias de los pilones de figus!

    Y jugar a la tapadita...

    ¿Y cuánto valía la más difícil?
    No tenía precio.

    Y no se conseguía con Mastercard.

    Abrazo

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  2. Genial texto Oso, cuanto recuerdos de nuestra infancia ya que estos juegos de cartas son ¡tan universales!.
    Y tan real como eso, el peso de la conciencia de quién sabe que algo no estaba bien en aquella forma sibilina de quedarse con la "carta ajena"...ché, ¡eran tan lindo el caballo! que casi le digo...ja,ja.
    Lo mejor de todo: ""Teniendo en cuenta que sus -las suyas, no se haga el tonto- condiciones morales no valen el sacrificio, le mando aquí una fotito digital del caballito. Usted, Rómulo, la baja, se la imprime, la hace un rollito y se la mete ya sabe dónde...""
    Creo que estuve dos minutos sin parar de reír... Así que me has hecho ver la vida hoy de otro color.
    Besos enormes!!!
    Que bueno que vuelves (volvés,ja) a publicar!!!

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  3. Vaya memoria la mía, Oso, discupa, en mi caso es la "edad": Felicidades por la publicación de tu escrito en las crónicas de Villa de la Feria del Libro. El texto se lo merecía.
    Abrazos!!!

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  4. Cierto es que el texto que compitió se merecía la publicación.
    Me anoto con la felicitación de Paloma, nunca es tarde...

    Shagya Árabe se ve hermoso, y no está mal caer en algún ilicito, de vez en cuando. (estoy mandándola a la tribuna o es parecido a Fantasma del Zorro?)

    Devolver lo mal habido de este modo, también vale, aunque la obligación ya esté caduca.
    Las deudas de la conciencia, deben pagarse tarde o temprano, aunque el acreedor no lo merezca.

    Besos muchos.

    SIL

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  5. Espectacular Oso, que puedo decir, me dejaste sonriendo y pensando en la niñez. Genial por un lado la idea del relato, el tipo que tiene clavada la espina por algo malo y así y todo por más de querer remediar lo pasado solo se confiesa y se muestra tacaño. Es muy bueno, ese muchacho no mejoró ni un ápice desde pequeño jaja.
    Por otro lado, que lindo recuerdo el de las figuritas. No si se hoy en día será como antes, me "figuro" que no. Eso de ir corriendo al kiosco a comprar uno o dos "paquetitos" de figuritas (a ver, le enumero las que más recuerdo: "Reino Natural", "Fichus", "las redondas de cartón, de equipos de fútbol argentinos", "Canchita -por Dios!-", "Mazinger Z"... y muchas más que ya ni me acuerdo), guardar o pegar en el album las que no teníamos y con el resto jugar en el recreo o en el porche de casa con algún amigo masoquista (masoquista porque con las figuritas andaba bien), ya sea al "chupi" o a la "arrimadita", o si no quedaba más remedio, a la "tapadita", aunque esta modalidad no era de mis predilectas.
    Que buen texto don Oso!
    Si Paul me acerca, esta semana le llevo lo que es suyo. Al Oso lo que es del Oso. Amén.

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  6. Apa, cosa, extraña. Recién me acaba de avisar el Chelo que le llegó al mail el comentario que le hice en el blog y no apareció en el sitio. Por las dudas vine pa estos pagos, dado que también comenté más o menos por el mismo horario y tampoco está mi comentario.
    Oso, ojo, estamos ante el ladrón de comentarios!!!!
    Dígame si le llegó acaso al mail (si es que tiene activada esa opción) y si no, me avisa, que se lo repito, porque le enumeraba un montón de figuritas entrañables (para ver si recuerda alguna, que haya coleccionado o confiscado a alumnos jajaja).

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  7. eternos duelos de figuritas son señor!!! esto es nostalgia pura, y crecer a patadas a revoltones, como se pueda, pero con el recuerdo del pibe que alguna vez fuimos!
    impecable!!!
    que gran dibujo el del Chelo!
    Saludos Oso querido!!!

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  8. DON HIERBA:
    No había mastercard mi visa ni nada que compre la difícil Si habré renegado buscando la tarántula, o el ferrocarril de la montaña, el azabache...

    DOÑA TINTA:
    Bueno, gracias por lo de la publicación.
    Son esas pequeñas anécdotas o momentos universales, como ud. dice, que recordamos con esa sana nostalgia de haber pasado por aquel estado de cosas.

    DOÑA SIL:
    La misma pregunta me hacía yo en aquellos tiempos, es igualito a Fantasma. Y... habrá que ir pagando...

    DON NETO:
    Ud. sabe que yo conocí apenas de mentas las figus que usted menciona, pues recuerde que le llevo unos añitos. Aun así, las Canchita ya habían tenido varios períodos gloriosos incluso en épocas de mis primos mayores.
    Las redondas con jugadores, las chapitas, las cartas con los 11 titulares de los equipos, las tipo estampillas (¡no se conseguía Sanfilippo!)...

    DON DIEGO:
    ¡¡Si habremos arrimado!! Andábamos con un primo "peluchando" al que se nos cruce...

    Gracias a todos y abrazos...

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  9. Sanfilippo siempre fue un tipo difícil...

    Las Canchita eran derroche de originalidad. Todavía guardo los álbumes, aunque no se donde ja. Había un par de letras difíciles (creo que la R y la O) y el árbitro Franskestein era el más difícil de la cancha. Me salió una sola vez. Muy poco para quién tenía, junto a su hermano, completando seis álbumes! Ja. Eso si, nunca lo cambié por la pelota. Una número cinco berreta no valía lo que ese álbum me había costado!
    Lo que recuerdo también de esas figuritas, era que solían traer cuponcitos de "vale por una sorpresa" o cosas así. ¡Cómo se ha perdido todo eso!.

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