lunes, 26 de enero de 2009

El arriero va


El hombre conocía el terreno, vaya si lo conocía. Sus más de cuarenta años lo habían hecho parte del paisaje, de sus escarpadas laderas y profundos valles. La confianza de los patrones era grande y él y sus compañeros lo sabían como también sabían que ese era su trabajo y de él dependían.

Virginia lo esperaba en casa, rodeada de sus ocho hijos. Los quehaceres y los hijos, su vida, y aquel hombre de pocas palabras, incapaz de perder un solo animal de los encomendados, siempre volviendo a poner calor en su vida y una caricia sobre su rostro. Sólo que esta vez la espera se hacía larga. No era de extrañar, las tormentas de nieve podían llegar aun en el verano más sereno, aun con la alegría de esas florcitas silvestres que moteaban la ladera y que ella recogía en silencio como todo adorno para la espera de su hombre.

Los mayores ya se dedicaban a criar los pocos animales, algunas cabras, la vaca, curar los caballos. Su padre, orgulloso, compartía en oraciones secas, sin adornos, su conocimiento de años y ellos, jugando al principio, crecían sabiendo que ese era su mundo. Un mundo que se trocaba en maravilla de colores para el día de la virgen y las festividades del pueblo, a las que asistían religiosamente con esos atuendos humildes pero reservados con celo para esas ocasiones que sabían acariciar en las cerrazones, cuando salir del rancho significaba poco menos que una muerte segura.

El deshielo se acentuaba y ya los ríos más altos exigían ser vadeados con cuidado. Se descongelaban a veces en forma violenta y cruzarlos equivalía a la posibilidad de perder alguna res o la montura misma.

Pero sabían los arrieros que cerca de los ríos estaban los mejores pastos. El hombre no dudó en llevar allí a los animales, que tendrían su fiesta. Pero el paisaje estaba extraño, su oído habituado a las soledades de un paisaje que permitía el intercambio justo de palabras le anunciaba algo que no alcanzaba a discernir. Se apeó, tal era su costumbre en esos casos, e intentó escudriñar el paisaje resabido con ojos nuevos.

La tropa seguía lentamente hacia los pastos, ya deteniéndose bajo los oblicuos primeros rayos que asomaban tras las cumbres milenarias. Otro sonido indefinido seguido de un silencio más indefinido aún y ya sus ojos buscaban siluetas humanas si las había; pero estaba seguro, ningún otro ser podía alterar la secular paz de las quebradas como quien no es del paisaje, otros colores, otros movimientos...

Se acomodó el sombrero y alzó la vista del otro lado del río Azufre. Entonces lo vio. Apenas caminaba arqueado sobre un bastón largo, como cargando una res sobre los hombros cuando apenas si traía una bolsa. La barba de días y los grandes anteojos de sol no hicieron más que turbarlo. Como queriendo expulsar esa imagen desesperante miró hacia más arriba donde un bulto de tamaño humano no se movía, un muerto tal vez.

Por una vez, quizá una única vez, no supo qué hacer, avisó a los otros que lejos en la ladera había algo raro y se quedó de una pieza, absorto, como si el que estuviera en otro lugar fuera él.

Cuando reaccionó escribió en un papel: Va a venir luego un hombre a verlos. ¿Qué es lo que desean?, porque no se le ocurrió otra cosa ni otro modo de expresar su asombro. Lo ató como pudo a una piedra y lo revoleó al otro lado del río, que corría con una furia inusitada.

El que caminaba se acercó como pudo. Como pudo también abrió el papel y se dejó caer. Juntó fuerzas para abrir la bolsa, sacó algo de su interior, escribió en el papel y suspiró mientras parecía mirar al arriero con ganas de gritar. En su lugar, en un último esfuerzo volvió a lanzar la piedra mensajera que apenas cruzó el torrente enfurecido.

El hombre leyó la nota que decía:

Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?

Sin pensarlo dos veces arrojó al otro lado del río Azufre los cuatro panes que llevaba, avisó a sus compañeros y montó su caballo. Los otros dos arrieros cruzaron como y donde pudieron para asistir a los moribundos.

Sergio Catalán cabalgó todo el día, mientras oía cómo el verano celebraba en las quebradas, hasta dar aviso al puesto de carabineros más cercano a la nochecita.


[Este es un pequeño e innecesario homenaje a Sergio Catalán, el arriero gracias a quien pudieron rescatar con vida a 16 de los 45 tripulantes del avión de la Fuerza Aérea Uruguaya -el equipo de rugby Old Crhristians y acompañantes- que viajaban con destino a Chile y 13 de octubre de 1972 se perdió y se accidentó en un cerro en la región limítrofe entre Mendoza (Argentina) y Chile. Tres sobrevivientes deciden emprender la marcha en busca de ayuda (uno se vuelve). El 21 de diciembre por fin logran comunicarse con Catalán y el 22 se produce el rescate. La odisea de 72 días dio lugar a innumerables documentales, libros, artículos y películas y es conocida en todo el mundo. Hace poco, Catalán, de 82 años, tuvo que someterse a una artroplastía compleja que fue financiada por sus agradecidos rescatados.]

(Publicado también en Villeraturas, 28/01/09)

16 comentarios:

  1. Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Historia hermosa, llena de esperanza.
    Gracias Oso, porque llegó en un momento justo. Reconforta el alma una lectura de esta índole.
    Y sigo insistiendo, sus escritos merecen otro formato.

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  2. Gracias, Neto, justo le estaba haciendo unos retoques.
    Mañana parte pa Villeraturas.

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  3. señor oso:
    gracias por visitar el humo-malsano pero cuidado
    el abuso en la lectura de este producto puede causar adiccion

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  4. Amigo Oso, su relato es excelente, lo que menos me imaginaba al comenzar la lectura es que se trataba de la conocida historia,
    vaya si es merecido el homenaje, muy buena su narrativa.
    Un abrazo.

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  5. muito agradecido por tua visita em meu blog camarada oso!!
    um grande abraço!!!
    andré Abreu

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  6. Muy interesante blogs tienes, espero poder seguir visitándote...


    saludos fraternos y solidarios...

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  7. vale tienes muchos blgos, te sere sincera no sabia en cual publicar comentarios :), pero me decidi por este, y Sr. Oso, le comunico que me ha facinado la historia y su forma de describir, me llevo el link para pasar más seguido.
    muchos besos y abrazos que también lo esperan por la locura ;)

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  8. Excelente... No conocía estos "detalles" (imprescindibles)!!

    beso y gracias por su visita por allá

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  9. Creo que ud. es un sentimental...ésta historia jamás me la perdí cada vez que la dan por tv.
    No me he atrevido a leer ningún libro respecto al tema pero es muy emocionante y totalmente increíble la historia de los sobrevivientes de lops Andes.
    Gracias por visitarme, nos leemos!;)
    Besos Apasionados!

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  10. Perdón por el descuelgue...
    ESOS VIDEOS SON SAGRADOS!!

    beso, otra fanática

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  11. Hola Oso!!

    Muy lindo escribes. Me gusta !!!

    Circularé más por tus letras porque el tiempo me sigue hoy !

    Besos!!!

    Pd. Gracias por tu elogio leerme y por tus palabras !!

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  12. no conocía esta historia!

    sí la de los chicos, pero no la del arriero

    la foto de la nota es la original?

    saludos oso, bienvenido al barrio

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  13. Gracias a quienes comentaron, son demasiado amables.
    La nota, Galán, es la original.
    Los datos son más o menos certeros. Hoy en ía en la red se encuentra de todo...
    Aun así resulta una historia apasionante.
    Tengo una foto (que no encontré) en la que estoy en primer plano, muy pequeño, y detrás un vecino leyendo el titular del hallazgo. Era el testimonio que quería poner, pero no pudo ser: vomité la historia así como salió, de un tirón.

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  14. QUE GRANDE VIVA SERGIO CATALAN, Y QUE VIVA POR SIEMPRE...

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  15. GRANDE SERGIO CATALAN, QUE VIVA POR SIEMPRE....

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  16. QUE GRANDE VIVA SERGIO CATALAN, Y QUE VIVA POR SIEMPRE...

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